ENSAYO Ojos que brillan en la narrativa de Amparo Dávila | Jesús Adín Valencia

Sus rasgos, cuando los alumbraban sentimientos benévolos, podrían haber pertenecido a una reina; sus ojos brillaban y, en aquellos momentos, su mirada desconocía todo temor. Mary Shelley – El último hombre (1826).

Los ojos de Amparo Dávila brillan para saberse imperiosos, regir el entorno. El mismo efecto es visible en los relatos. A leer Cuentos reunidos (2009), imaginé a la autora leyéndome por un momento en voz alta, sólo a mí[1], un lector recordándola al año de su partida. Descriptiva, esbozó la propia belleza gótica, como forma de autorretrato legado en fragmentos.

Cuentos reunidos, editado por el Fondo de Cultura Económica, compila Tiempo destrozado (1959), Música concreta (1961), Árboles petrificados (1977) y Con los ojos abiertos (2008). En mayo de 2020 la escritora Leda Rendón publicó en su columna Umbrales mínimos del periódico Excélsior, una breve crónica-homenaje póstumo bajo el título "Los ojos de Amparo Dávila"[2]. Rendón la imaginó despidiéndose de su casa, «que era ella misma», por los rincones, donde el eco de los recuerdos, los muebles, plantas y todo cuanto ocupara un espacio, fueros vistos y acariciados por última vez. 

En la narrativa de Dávila percibimos, textual, la refulgencia de ojos hondamente expresivos, a veces enrojecidos, saltones, fríos, ausentes, solos, contados por cientos, por miles, acechantes en un escenario cuando no sobrenatural, de índole psicológico. De cualquier modo, contrastan la oscuridad hallándose siempre abiertos.

En la fotografía icónica de la escritora zacatecana, alrededor de los ojos, hacia la periferia del rostro y el fondo, predomina el negro en diferentes gradaciones, de menor a mayor tono y viceversa, como sucede con el dolor en Fragmento de un diario [Julio y Agosto], o con los ruidos en el hall mezclados con La tempestad de Sibelius y Preludio y fuga de Bach en Con los ojos abiertos. En Griselda, ojos por montones emergen de la locura, parecen apilados en un cuadro que poco a poco nos devela. Titular una historia con nombre femenino es honrar a Poe en la representación de Berenice, Eleonora, Ligeiea, Morella.

Amparo es genésica, nombra en persona con agua bautismal «iluminada y fosforescente»[3], propietaria de una enorme casona lúgubre donde se hospedan La señorita Julia, Moisés y Gaspar, Arthur Smith, Matilde Espejo, Tina Reyes, Óscar, Estela Peña. Llama a las cosas por su nombre, en medio del vendaval.

Hay una frase hecha sobre ser ave de las tempestades. Amparo sale airosa. «Los relámpagos desgarran el cielo y destruyen su azul, presagian las tempestades; así rasgué mi alma, mi fantasía siempre equivocada. La claridad de una dicha se filtraba en mi vida en instantes sólo creados por la ilusión, para caer después en la tiniebla más densa, en el vacío sin fin, en el pozo sin fondo. Sólo contigo puedo hablar así; llamar las cosas por su nombre y decirles noche, flor o lluvia: nombrarlas como lo que son o fueron»[4].

Si bien aparece la influencia de la colonia, el universo imaginario de Dávila no queda constreñido en cuanto a las tradiciones orales; el tratamiento vivencial esparce a lo sofisticado del terror inglés, francés y estadounidense. Desde un particular punto de vista, la estética de Dávila entra en parámetros de otra índole, vista en los programas televisivos de La hora marcada, bajo las direcciones de Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro; está en episodios clásicos de Dimensión desconocida. Me remite a Vincent Price, Bela Lugosi, pero también a Germán Robles, Abel Salazar, películas de blanco y negro; se observa el vintage de relatos fantásticos y de terror en cómics de apogeo a partir de los años 50’s, que a su vez reflejan el nervio de Lovecraft, Hawthorne, Maupassant, Bierce, W.W. Jacobs con Pata de mono, George Langelaan y La mosca; está visión permanece al parecer hasta los 80’s en un género denominado Terror/antología (e.g. Creepshow, 1982; Los ojo del gato [Cat’s eye], 1985).   

Dejando al margen novelas negras o policiacas, la intriga y el suspense, Alfred Hitchcock publicó varias antologías de «relatos que me asustaron»; Con Alta cocina, Amparo Dávila pone en jaque los niveles de la cadena alimenticia, algo similar a la sensación de vulnerabilidad en Los pájaros (The Birds, 1963);  una extraña obsesión entre Irene y el aparato de radio[5] vivió James Stewart en La ventana indiscreta (Rear Window, 1954); la desesperación y la locura son ingredientes sustanciales.

A continuación se muestra un cuadro descriptivo con el desglose de ojos asociados al brillo en las letras de Amparo Dávila.

Comunican esperanza o al menos, certidumbre de que aún en la tempestad y tránsito de tribulación en tribulación, habrá siempre dos frágiles flamas, aves airosas distinguibles e inextinguibles, asociadas al miedo pero además al bienestar y el alivio, también al llanto; emiten vida incluso en la sospecha de muerte, están en animación constante. En la descripción literaria, con sus particularidades semánticas, creo que la mejor forma de asentar mi fundamento sería a través de la poesía: «Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima/silencio que habla,/tempestades sin viento,/mar sin olas, pájaros presos,/doradas fieras adormecidas,/topacios impíos como la verdad,/otoño en un claro del bosque/en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas,/playa que la mañana encuentra constelada de ojos,/cesta de frutos de fuego,/mentira que alimenta,/espejos de este mundo,/puertas del más allá,/pulsación tranquila del mar a mediodía,/absoluto que parpadea, páramo»[6].

Los ojos dan señales. Se observa la constante de una luz que tiene razón de ser; de hallarse en un entorno alumbrado nadie pudiera apreciarla. Otro color de cabello y un delineado distinto de ojos no resaltarían igualmente la expresividad deseada para la fotografía icónica, estaría en oposición a la esencia de quien, al referir la fisonomía de no pocos de personajes femeninos, plasmó su firma.  

Han sucedido en México y el mundo cosas inauditas, otras más anunciadas al día juegan con la salud mental de las personas en el encierro. Seguimos en crisis. Escribo este modesto homenaje a razón de la sentida muerte de Amparo Dávila, mujer de letras sombrías, musa de locura y muerte, que nos ha legado presencias terroríficas, individuos atormentados y escenarios para darnos el tiempo -nosotros, los vivos aún- de caminar libro en mano hacia la bruma, conscientes de volver a la realidad. Acerquémonos a la narrativa daviliana, por qué no, hagámoslo de noche antes de dormir para inducirnos alguna pesadilla de oscuridad magnánima, basada en sus relatos que, en estos días, saben a bálsamo de luz.



[1] Paráfrasis de La carta.
[2] Versión digital: https://www.excelsior.com.mx/opinion/leda-rendon/los-ojos-de-amparo-davila/1379646
[3] Del relato El patio cuadrado.
[4] La carta.
[5] Radio Imer Opus 94.5. 
[6] Octavio Paz; Tus ojos (1949). 

Fotografía de la autora: Los Ángeles Times

JESÚS ADÍN VALENCIA. Nació en Colima, México, el 23 de diciembre de 1979. Licenciado en Letras y Periodismo por la Universidad de Colima. Publicaciones: Una llama extrema de jirones (Poesía, PuertAbierta, colección Parota de Sal); Copa de Nada (Poesía, Beca del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico de Colima, Pecda 2016); Bitácora de la Mortalidad, (novela/plataformas digitales/Bubok).  Fue antologado en Poesía Visual Mexicana, colección de libros-objeto (INBA-Conaculta-Ediciones del Lirio); antología del I Certamen Mundial Excelencia Literaria MP Literary Edition: Poesía Volumen II (EE. UU); antología Toda la Mar, la presencia del mar en la poesía colimense (Poesía-Gobierno del Estado); antología del 5º Premio de Microrrelatos Manuel J. Peláez 2017 (Colectivo de Badajoz, España). Con el libro Fragmentos para una Cápsula del Tiempo, obtuvo Mención Honorífica en el Premio Estatal de Poesía, Colima 2015. En 2017 formó parte de una exposición colectiva de poesía visual en el Niu. Espai Artístic Contemporani de Barcelona. En 2018 obtuvo el primer lugar en la categoría de poesía, en el marco de los Juegos Florales de la "Feria de Todos Santos 2018" . En 2019 resultó ganador del segundo concurso de cuento breve de rock "Parménides García Saldaña" .

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