En junio de 2018 se publicó Carta astral (Boria Ediciones), ópera prima de Óscar Navarro Gosálbez (Alicante, 1971). Ese mismo mes lo presentó en su ciudad junto a la también poeta Alba Ceres. «Ceres (las hijas de Job)» es uno de los textos que conforman esta tesela que va encajando contra todo pronóstico, con armazón métrica y «tono sosegado, lejos del arrebatamiento que a veces caracteriza a los poetas noveles» (7), como dicen Carmen Juan y Sara J. Trigueros; escritoras y libreras que fundaron junto a Óscar Navarro y Raúl Medina la asociación de agitación cultural Letras de Contestania.

Una serie circular de poemas conectan la vida con la muerte. Entre ambas paradojas se articulan bultos, sistemas o manchas negras y rojas que van del cuerpo del ser humano al universo, la creencia. Tal constelación establece una melodía en verso libre que recuerda sin titubeos al octosílabo: eje de una tradición que va de los clásicos latinos a las voces más recientes y cercanas. No creo que la poética sea cuerda. Cuando menos, una emergencia, en el sentido ascendente: «Ahora tiembla la tiniebla / y brota de la bruma la cabeza / forzando con urgencia de ariete, / hurtándole a la vida el derecho» (14).

He ahí la astrología, como reconoce el poeta en una entrevista a la editorial cartagenera: «todo el esqueleto del poemario se había levantado gracias a esas asociaciones, porque me daba cuenta de que me permitían no solo dar acomodo a la idea central, sino a diversas derivaciones e inconvenientes que me surgían cuando meditaba acerca de ella». Así pues, lo esotérico no gesta la vida, pero sí explica la muerte, a posteriori. El texto emerge y choca con la explicación del destino, la causalidad y el devenir de las relaciones: «Como no se discute que un cuerpo de masa mayor a la de otro lo / atraiga hacia sí / eso es la física de la gravedad» (18). Y no hay mayor gravedad que el fin, que es otro inicio, también en prosa:


Ya conozco los nombres de todos esos bultos rojos míos; yo ya no les tengo ni asco. Están ahí porque a lo mejor no tienen otro lugar donde ir. Vamos a preguntarles. ¿Por qué estás ahí, tú, mieloma? ¿Por qué estás ahí, sarcoma? ¿Por qué, hepatitis, no buscas un aire más limpio? ¿Por qué, por qué, neoplasia? Cuanto más os arrostro, más fuerte me siento, porque todo lo que tiene un nombre también tiene una flaqueza (25).

Acertar a nombrar implica un riesgo, un éxito o un fracaso; una apuesta: «porque apostar es señal / de que aún queda esperanza» (44). En el momento en que nombramos algo, de alguna manera desaparece y forma parte de una dimensión ajena a la física del cuerpo. Por eso, quizá, la poética de Óscar Navarro, como se adelanta en el prólogo, no puede adscribirse a la llamada poesía de la experiencia, tampoco representa en sí el poema de máscara, o la dilución del sujeto poético, o el desdoblamiento en otras voces, o el solipsismo culturalista. Recoge cada una de estas formas y las hace tema, pues van de la mano. Apuesto a que Carta astral fue el comienzo de algo que explica un imponente pasado y de un futuro aún más halagüeño:

Solo acaba en victoria la batalla

que nunca se ha librado. El reguero
de cadáveres es cosa de la vida,
o de la muerte, o de las lluvias.
Y cuando canto, canto sin alzar
mucho la voz, no vaya a ser
que en vez de conjurar convoque (57).


IGNACIO BALLESTER PARDO (Villena, Alicante, 1990). Es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Alicante miembro del Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti y del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea. Es autor del libro La dimensión cívica en la poesía mexicana contemporánea: herencia, tradición y renovación en la obra de Vicente Quirarte (Tirant lo Blanch / Universidad Autónoma del Estado de México, 2019). Cada domingo comparte sus líneas de investigación en el blog Poesía mexicana contemporánea.