Fotografía tomada de La Nación

Falleció Tamara Kamenszain, hoy 28 de julio de 2021, a los 74 años de edad. Padecía cáncer. Es autora de entre otras publicaciones de La novela de la poesía, La boca del testimonio, El libro de Tamar y Chicas en tiempos suspendidos.

Leyendo algunas de las publicaciones en internet, encuentro los siguientes datos que vale la pena destacar: 1. "Reivindicó la definición de “poetisa”, una “palabra dulce, que dejamos de lado porque nos avergonzaba, y sin embargo, ahora vuelve en un pañuelo que nuestras antepasadas ataron a la garganta de sus líricas roncas”. (Infobae); 2. "Deja la huella de su mirada lúcida y sensible. Sus poemas y ensayos nos empujan a sentir sin dejar de pensar, de revisitar, de contextualizar: son textos que hieren, como le gustaba decir, en el sentido en que definía Roland Barthes al impacto estético". (El Clarín)

Nació en Buenos Aires, en 1947. Sus libros de poesía —en La novela de la poesía quedaron reunidos en un solo tomo sus diez libros dedicados al género—, le valieron entre otros reconocimientos el Konex de Platino en 2014, el Premio de la Crítica de la Feria del Libro, el Primer Premio de Poesía Festival de la Lira, el Primer Premio Municipal de Ensayo, la beca de la Fundación John Simon Guggenheim y la Medalla de Honor Pablo Neruda del Gobierno de Chile.

Su libro Chicas en tiempos suspendidos, publicado recientemente por Eterna Cadencia, está dedicado a Margo Glantz y se puede encontrar en formato electrónico. Es un largo poema-ensayo sobre la literatura escrita por mujeres, la pandemia, la enfermedad y la muerte. El libro de Tamar lo pueden leer en Bookmate. ¡Es maravilloso! Narra la historia de amor de la pareja Kamenszain-Libertella como bitácora generacional a la que se suman las voces de otras parejas de escritores: Ludmer-Piglia, Kristeva-Sollers, Plath-Hughes. En la sinopsis del libro encontramos las rutas que tomará la historia: "Después de dejarlo olvidado durante quince años en el fondo de un cajón, Tamar, la narradora, se reencuentra con un viejo poema que le enviaron. Un poema inoportuno que en su momento no la interpeló ni le significó ese gesto que ella tanto deseaba. ¿Quién puede esperar, en plena separación, que el otro en lugar de un prosaico 'te extraño, volvamos' intente acercarse mediante anagramas y combinaciones de nuestro nombre? Pero la escritura permanece mientras el mundo gira, y entonces hoy Tamar sí puede leer sentido donde ayer solo encontraba silencio. Un poema compuesto por cinco letras, una fecha y un dibujo desencadenará un viaje al pasado, para rescatar una historia de amor atravesada por lecturas compartidas, discusiones literarias, viajes, exilios, hijos, desencuentros".

Reproduzco aquí un fragmento del libro. Tómese esta entrada como un homenaje a una de las voces más importantes de la poesía Argentina.

Por mi parte, yo de chica aprendí la lectoescritura al mismo tiempo en castellano y en hebreo. Yendo del margen izquierdo de la página al derecho, garrapateé los primeros Tamara mientras, de derecha a izquierda, aprendía trabajosamente a escribir Tamar. Una vez mi analista, cuando me quejaba de lo tortuoso que me resultaba escribir ensayos a diferencia de cierta euforia que solía acompañarme cuando escribía poesía, me comentó que tal vez el ensayo yo lo escribía de derecha a izquierda y la poesía al revés. No agregó nada más pero me fui de la sesión pensando que tal vez había querido decir que de la mano del ensayo venía el peso de los mandamientos, de la ley paterna, de la lengua del saber y de la reflexión, mientras que de la mano de la poesía entraba la calle con sus transgresiones no judías a la hora de la siesta. En un poema de mi libro La casa grande digo esto: “A los niños adentro nos encierra/ con el idisch un cerco de palabras (…) sin embargo escapando por la siesta/ furtivos en la calle dormitaron/ a la sombra acolchada del voseo/ probaban las ternuras de un colchón/ el castellano”.