POESÍA Mujer de maíz **...se acabó el viento, cae en zozobra el alma, recipiente quebradizo | Marcia Koryna Hernández



 
Teje una mordaza con tristezas infantiles,
¿quién las conoce?
Dedos torpes y lentos
no desatan los nudos que estrechan su garganta.
 
Escarba a través del tiempo, uñas con fango,
fango que enturbia la mente, encuentra
presentes y futuros muertos.
Brazos entumecidos; la razón se oculta
cual insecto descubierto a la luz.
Evitar el miedo; el miedo esta adherido, lo conoce, lo piensa.
Prohibido gritar
                      rascarse la herida
                                                  escupir el veneno.
Saciarse de llanto, húmedo y seco,
ser fragmento, lasca del antes que duró nada.
¿Quién le puede consolar?
El Origen
             El Nombre
                            El aliento tiene la palabra.
Pero no la escucha
en la jaula que le guarda.
 
 
II
A gotas
           cae la noche
A gotas
          se cubre el orbe.
                                  Agotas el tiempo,
agotado y mudo entendimiento.
Cuerpo vacío de entrañas y voluntad;
cierra las alas, se acabó el viento,
cae en zozobra el alma, recipiente quebradizo
imposible contener gotas de mirra,
                                                  de noche, 
                                                               de sueño.
Quieren estar juntas, hablar de vida;
imaginar la fuerza de todas
pero la caída las separa en el orbe del silencio.
                   
 
III
Reinos de cardos, saciados de juventud,
inocencia y gritos en torrentes;
camposanto de las silentes.
Allá están los muros de piedra
con techos que escurren tejados
e historias amargas, sucias, exageradas
crecen en la memoria del no existente como hiedra.
 
 
IV
Fiero humo del encendido leño y del tabaco ajeno,
penetra impulsivo en la piel.
Su cuerpo es de maíz,
cubierto de sangre roja como el chile
envuelto en la hoja asada;
arde la carne y el rostro
no respira…
 
El sicario la observa invadido de efluvios y grandeza.
Mujer de maíz, no sientes dolor,
irrumpe el universo paralelo,
aquel que rescata y envuelve tu corazón
en una caja de madera nueva
amarrada con hermoso lazo de fibra fresca;
juntito al ocote, el vil quema un holograma.
Mientras, cuenta tu historia a quien la escuche
al que exista y tenga memoria mañana.

Fotografía tomada de Internet.

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