Buscar textos antiguos es una de mis grandes pasiones. Textos y libros que hablen de otras épocas, formas de vida, formas de concebir la existencia. Hace poco llegó a mis manos el libro Cuentos de brujas de escritoras victorianas de Peter Haining, publicado por Alba Editorial, en 2019, y traducido por Daniel de la Rubia Ortí.  

En él, el autor, ha reunido sobre este tema crónicas históricas y leyendas tanto como ficciones de escritoras hoy en su mayoría olvidadas pero que sin duda ha valido la pena recuperar y que sobresalieron en el "mundo eminentemente masculino de la sociedad victoriana, volcado en el comercio y la expansión imperial, regido por un orden racionalista y por unos estrictos códigos morales (aunque luego los hombres, pero no las mujeres, pudieran llevar una doble vida)". Finalmente, en ese periodo tan difícil, fueron las mujeres quienes se interesaron sobre todo por el fenómeno de la brujería.

El libro reúne textos de Eliza Lynn Linton (1822 - 1898), Jane Francisca Speranza Wilde (1826 - 1896), Mary Lewes (1860 - 1920), Catherine Crowe (1800 - 1870) y en el apartado ficción, otras voces también relevantes en el tema. Compartimos el texto La bruja de Berkeley, escrito por E. Lynn Linton. 


La bruja de Berkeley

por E. Lynn Linton

Una de las primeras brujas inglesas —tan atrás se remonta su historia, de hecho, que se la presenta como una figura mítica, borrosa y completamente exagerada— fue la célebre bruja de Berkeley, quien recibió el castigo por sus pecados a mitad del siglo IX, dejando tras de sí una lección inestimable que, sin embargo, fue de escaso provecho a las generaciones posteriores. La bruja era rica y alegre, pero la hora de la verdad habría de llegarle una mañana; el banquete había sido fastuoso e intensamente disfrutado, pero la horrible cuenta tenía que pagarse, y la pobre bruja se encontró con que su manzana de mejillas sonrosadas, ahora que había sido ya pelada y se había comido la corteza, estaba llena de polvo y cenizas que debía digerir de la mejor manera posible. Cuando vio cerca la hora de su muerte, mandó llamar a los monjes y monjas de los monasterios cercanos, e hizo venir a sus hijos para que escuchasen su confesión; y entonces les contó el pacto que había hecho, y cómo el Diablo vendría a llevarse su cuerpo y también su alma.

—Escondedme dentro de la piel cosida de un ciervo —dijo—, y a continuación metedme en un ataúd de piedra, y asegurad la tapa con plomo y hierro. Colocad encima una losa, y sujetadlo todo con gruesas cadenas de hierro ancladas al suelo. Cantad cincuenta salmos cada noche, y celebrad cincuenta misas por el día, para así combatir el poder de los demonios. Si lográis de este modo mantener mi cuerpo a salvo durante tres noches, al cuarto día podréis darle sepultura, pues el Diablo lo habrá buscado sin encontrarlo.

Los monjes y monjas actuaron conforme a su deseo, y en la primera noche, aunque los demonios no dejaron de aullar y gemir en el exterior de la iglesia, «los sacerdotes vencieron, y nada perturbó el descanso de la vieja bruja». La segunda noche, los demonios fueron más feroces y ruidosos, y los monjes y monjas rezaron sus rosarios cada vez más rápido; pero los demonios se iban volviendo más poderosos con cada hora que pasaba, y por fin lograron forzar las puertas del monasterio, a despecho de oraciones, cerrojos y barrotes; y dos cadenas del ataúd se partieron por la mitad, pero la del medio resistió. La tercera noche, los demonios rugieron rabiosos y enloquecidos. El monasterio tembló hasta sus cimientos, y los monjes y monjas a punto estuvieron de perder el hilo de sus padrenuestros y sus avemarías en medio de aquel estruendo que ahogaba su voz y estremecía su corazón; no obstante, continuaron hasta que, acompañado de un terrible estrépito y de los gritos de los incontables demonios de menor tamaño allí reunidos, un demonio, más grande y terrible que cualquiera de los que habían aparecido hasta ese momento, entró en la iglesia y fue hasta el pie del altar, donde yacía la anciana en su ataúd. Allí se detuvo, y le pidió a la bruja que se levantase y lo siguiese. Esta le respondió lastimeramente que no podía: se lo impedía la cadena del medio; pero el Diablo solventó al punto esa dificultad: puso su pie sobre el ataúd y rompió la cadena de hierro como si no fuera más que un pedazo de hilo chamuscado. A continuación salió volando todo el plomo y el hierro que la cubría, y allí yacía la bruja, macilenta y horrible. Se puso en pie muy despacio, amoratada, muerta y desnuda como estaba; entonces el Diablo la cogió de la mano y la condujo hacia la puerta, donde esperaba un gigantesco caballo negro, con el lomo cubierto por entero de pinchos de hierro, y cuyos ollares, por los que echaba fuego, denunciaban el infernal pesebre del que comía. El Diablo se subió de un salto a la silla, sentó a la bruja delante de él y se alejaron cabalgando, mientras los gritos de los demonios y los alaridos de las almas torturadas seguían llegando desde todos los puntos a los oídos de los monjes y las monjas. Así pues, también en esta leyenda, como en todas las demás, el Diablo es más grande que Dios, y la oración y la penitencia se revelan inútiles para redimir el mal.

¿Quién es Eliza Lynn Linton? 


Retomando las líneas que corresponden a esta autora, Peter Haining, señala: "Eliza Lynn Linton ocupa con todo merecimiento el primer lugar en esta colección, pues su libro Witch Stories [Historias de brujas] es sin duda alguna la obra más destacada sobre el tema de la brujería escrita por una dama victoriana. Eliza Lynn Linton, que fue esposa del excepcional grabador William James Linton, era hija de un vicario de Cumberland y empezó a interesarse por la literatura a los once años. Publicó su primera novela, Azeth, the Egyptian [Azeth, el egipcio], a los veintitrés. Sin embargo, durante estos primeros años se dedicó principalmente al periodismo, y en 1851 empezó a colaborar con varios periódicos y revistas, reivindicando así el título de primera mujer periodista. Algunos de sus artículos, como «The Shrieking Sisterhood» [La menguante hermandad de mujeres] y «Mature Sirens» [Sirenas maduras], se convirtieron en temas de conversación populares en las sobremesas de todo el país y dieron a conocer su nombre entre el público. No obstante, fue su interés en lo sobrenatural lo que consolidó su fama con la publicación de Witch Stories en 1861. Fruto de un exhaustivo trabajo de investigación, el libro describe la mayoría de los casos importantes de brujería en Inglaterra y Escocia, y los dos extractos que siguen suponen una muestra representativa de ambos países".

Fotografías tomadas de internet.

Este libro es un estudio muy amplio sobre este tema. Ediciones Alba tiene una selección muy importante que pueden encontrar AQUÍCuentos de brujas de escritoras victorianas de Peter Haining, lo pueden adquirir en su librería favorita y, para los amantes de los libros electrónicos, está disponible en AMAZON a un super precio.