Sabías que desde hace siglos el bordado ha sido considerado una actividad destinada a las mujeres y, quizás, a partir del siglo XIX-XX empezó a ser percibida como una actividad realizada por las mujeres de la tercera edad, específicamente las abuelas. En general, las mujeres de casi cualquier clase social aprendían desde pequeñas a bordar, coser, así como tejer; y era común que tuvieran colgados en las salas de sus casas o en sus cuartos lo que se conoce como dechados: un muestrario de puntadas donde escribían sus nombres, algunas figuras y el abecedario. Te invito a que al término este ensaño te acerques a las mujeres de tu familia e investigues si conservan alguna pieza textil hecha con sus propias manos.

Conforme han pasado los años el bordado ha ido enriqueciéndose de nuevos materiales, juntando estilos de diferentes partes del mundo y, sobre todo, adquiriendo un tinte político que trata de alejarse de ese papel tradicional que se le ha conferido.

Toma el hilo, mide desde las puntas de tus dedos índice y pulgar hasta tu corazón, con el brazo bien extendido, y corta la medida. Nos decía Aída, tratando de explicar lo básico del bordado: cuánto cortar del hilo, cómo enhebrarlo en la aguja y algunas puntadas. Han pasado ya tres años, casi cuatro, desde aquel día en el que reaprendí, o mejor dicho realmente aprendí, a bordar. Mi querida amiga Aída había decidido dar un pequeño taller de dos horas sobre fotobordado, al que asistí sin saber realmente nada de bordado, pero emocionada por aprender. Solamente éramos tres alumnas por lo que pudimos preguntar mucho, tomarnos el tiempo para platicar, tomar té y equivocarnos. De regreso a mi casa, mientras esperaba el metro, saqué mi fotobordado para apreciarlo e ir pensando en qué puntadas me gustaría usar, cómo iba a intervenirlo cuando se me acercó una señora de la tercera edad a preguntarme si daba clases de bordado. Entonces pensé en lo irónico que resultaba que una señora de esa edad quisiera aprender bordado de una joven.

Enhebra el hilo en la aguja y en el extremo opuesto hazle un nudo. Sin embargo, no fue la única vez que alguna señora, no necesariamente de ese rango de edad, me preguntó sobre mis bordados o que iniciara la plática sobre cómo el bordado en vez de tratarse sólo de servilletas ahora era también una forma de expresión, un arte más, gracias a las jóvenes que se permitían experimentar. Las escuché en el metro, en el micro y en clases virtuales, todas ellas queriendo aprender otras formas de aprovechar, de redescubrir, el bordado que por años sólo utilizaban para ornamentar objetos de la casa o ropa. Incluso algunas buscando aprender desde cero, pero con maestras más jóvenes.

Y no es que hasta apenas el bordado se haya puesto experimental, combativo o innovativo, sino que por la tecnología las bordadoras tienen acceso a otros materiales, técnicas y  plataformas para difundir su trabajo. Lo que sí podemos atribuirle al bordado del siglo XXI es la incorporación, más significativa y visible, de los hombres, así como sucede en el mundo del tejido. Recuerda que el único oficio relacionado con las agujas, los hilos y las telas, destinado a los hombres, era el de sastre, llevado después al mundo del diseño a finales del siglo XX de la mano de los diseñadores de modas, que de todos modos era juzgado a partir de los estereotipos de género.

Procede a perforar la tela con la aguja. ¡Ojo! Si la aguja que escoges no es del calibre adecuado para el tipo de tela puede que sea difícil pasarla o que lastimes la tela. A partir de ese primer (re)encuentro en el taller de fotobordado fui incursionando más, y tomé un segundo taller con otra amiga, en ese caso para aprender a hacer parches bordados. Seguramente dirás que ya hay máquinas que bordan parches sin necesidad de extenuarse mucho y yo te responderé que sí, es cierto, pero como todo en el capitalismo, eso sólo sirve para la producción en masa y depende también del gusto del consumidor. Con Silvana aprendí que el bordado no sólo puede servir para adornar las prendas, sino también para remendarlas de una forma más alegre y darles una segunda oportunidad.

Algo que también he aprendido es que el bordado no sólo involucra el acto físico de pasar el hilo por la tela, sino que implica la creación de una comunidad, tanto de las bordadoras como de quienes compran sus piezas, de quienes les surten los materiales y de aquellas que se acercan en calidad de alumnas. Incluso, se dan acercamientos o comunidad dentro de las propias familias, nuestras abuelas nos heredan el conocimiento de sus puntadas, los estilos que conocen, los materiales con los que han trabajado y si tenemos mucha suerte puede que también nos hereden sus herramientas.

El otro día fui a visitar a mi abuelita Martha. Siempre he sabido que teje porque es algo que la he visto hacer durante muchos años y le gusta, igual que a mi madre; sin embargo, desconocía que supiera bordar. Llevaba mi bordado, eso le causó asombro, pero al mismo tiempo se emocionó. Me preguntó algunas cosas y le comenté que tenía problemas para hacer las bugambilias porque quería hacerlas con degradado, a lo que ella respondió sacando sus hilos. Descubrí que mi abuela tiene una pequeña colección de hilos matizados, esos que tienen varias tonalidades del mismo color, aunque también hay de los que tienen distintos colores en la misma madeja, como si fueran hilos arcoíris. Digamos que conocía ese tipo de hilos solamente de vista, pero mi abuelita fue quien me dio la idea de usarlos en mis bordados. Me regaló un par de madejas matizadas de color rosa oscuro, o mexicano como se le conoce en algunas partes. También me contó que mi tía Mago fue quien le enseñó a bordar a cambio de que ella le enseñara a tejer, entonces cada que mi tía la visitaba le llevaba hilos, matizados en su mayoría. Le hizo ilusión que yo pudiera enseñarle un poco más de bordado.

Conforme te adentras a este mundo, te das cuenta de la impresionante gama de telas, hilos y agujas que puedes utilizar. Desde los más usados como el hilo perlé y el mouliné, hasta las lanas artesanales teñidas a mano; pasando de la manta cruda al lino o la gabardina; y de las agujas de canevá a la aguja mágica. Una constante es que se recomienda utilizar fibras naturales para que los bordados sean más resistentes y duraderos.

Puedes seguir un patrón, una fotografía o incluso hacer un bordado libre. Es increíble la cantidad de tutoriales, talleres y cursos que se pueden encontrar en diversas plataformas de internet, algunos para aprender desde lo tradicional y otros para ir directo a lo contemporáneo del bordado. Gracias a esto he descubierto que el soporte no necesariamente debe ser la tela: puede ser madera, papel, cartón, cerámica, plástico, entre otros… prácticamente cualquier superficie o material que puedas perforar. De ahí que las señoras que he conocido se asombren con las cosas nuevas que se hacen con el bordado, aunque esto no quiere decir que el bordado tradicional no tenga su valor y belleza, pero es verdad que tener tantas herramientas y materiales nos permite tener un abanico más amplio de creación.

De hecho, técnicas tradicionales como el punto de cruz, luneville, sashiko y técnicas monocromáticas como el blackwork y el goldwork, están siendo reinterpretadas por el bordado contemporáneo. No sólo en piezas textiles sino también en instalaciones de arte urbano.

Igualmente es importante hablar de las técnicas y diseños de las comunidades originarias, que muchas veces por tratarse de conocimientos colectivos no se protegen como debiera por los derechos de propiedad intelectual y sufren de plagio, o mejor dicho robo. Sin embargo, conforme se toma consciencia de la importancia del textil, se ha buscado formular leyes que protejan el conocimiento que hay detrás de los textiles originarios.

Punto atrás, nudo francés, cordoncillo, cadeneta, punto satín son de las puntadas más usadas y conocidas, de cierta sencillez, pero no por eso menos creativas. Así, con cada trazo comprendes que bordar implica paciencia y precisión. Tomarse el tiempo para bordar implica ser observador, saber leer entre líneas, descomponer las figuras para luego volverlas a armar de acuerdo con lo que quieres expresar. Es saber reconocer los colores, las texturas, la flexibilidad y calidad de los materiales. Precisamente por estas características es que cada vez es más valorado y considerado como arte. Un claro ejemplo es una de las técnicas que se ha vuelto popular en los últimos años: el needlepaiting, o pintura con aguja, que consiste en hacer cuadros que simulan o toman como referencia pinturas y retratos, lo que requiere conocer elementos como la luz, la profundidad y los trazos.

No pretendo convencerte a ti, lector, de que te unas a este mundo lleno de pelusas, retazos y parches en los dedos si no lo deseas. Lo que me interesa es mostrarte que la magia del bordado radica en lo versátil que puede ser, en las habilidades de las que te dota. Sobre todo, invitarte a reflexionar sobre la importancia de repensar y resignificar este arte, que además de ser un intrincado sistema de materiales y técnicas es, a su vez, comunidad. Algo que me gustaría agregar es que también los colectivos feministas usan el bordado y el tejido como elementos de expresión para comunicar que, si bien son actividades tradicionalmente asignadas a las mujeres, van más allá como expresión pues no sólo sirven para algo ornamental, sino que también pueden ser algo político.

Por último, me gustaría dejarte con este poema de Nellie Campobello, que publicó en 1929 en su poemario “¡Yo!”, donde podemos apreciar la conversación entre el bordado y la poesía, así como vimos que puede tenerla con la pintura pues el mundo textil ha dialogado con otras artes desde hace siglos… aunque seguramente el más presente que tenemos es el del tejido con la narrativa.

BORDANDO

Haces versos
para domar
el potro que llevas
dentro.
Para ahuyentar
pensamientos
porque se quiere
desbocar de tu pecho.
Le estás engañando
como hacen
las abuelas
con los cuentos,
bordando
temas para sus
nietos.
Sé tú
el abuelo,
sé tú
un bordador.
Hazle frases
a tu corazón.


DIANA HIGUERA. Algunos de sus poemas pueden encontrarse en Círculo de poesía, en Universum Museo de las Ciencias de la UNAM, en el proyecto Letras de Morelos y en las antologías: Té de letras para el insomnio (Cuernavaca, 2011), El diablo me pinchaba la cabeza (Editorial Lengua de Diablo, Cuernavaca, 2018) y Antología Deambulante 2019-2020 (Editorial Escombros, Ciudad de México, 2020). También ha publicado la plaquette Bugambilias (Ediciones Simiente, Cuernavaca, 2014) y el poemario La soledad de jazmines (Editorial Lengua de Diablo, Cuernavaca, 2018). Su poemario Finisterre resultó ganador en la convocatoria Obra inédita 2021, organizada por la Secretaría de Turismo y Cultura Morelos y el FEDEM, se encuentra en proceso de publicación. Redes sociales: Instagram- @la_libelula_de_pandora, Twitter- @libelulapandora y Facebook- Diana Higuera.