SOCIEDAD Educación de la mujer o educación femenina | Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda


El título plantea un cuestionamiento que va más allá, al involucrar otra pregunta, ¿es igual, educación masculina que educación del hombre? Ambas han provocado ya, el arqueo de más de una ceja y la exclamación ¡Es lo mismo! Mas, es preciso formular estas interrogantes desde el enfoque de género, porque desde esta perspectiva, es evidente que la educación masculina o femenina establece una mirada dicotómica del ser humano. Para explicar la diferencia, les pedimos que nos regalen unos minutos de su valioso tiempo.

Para hacerlo, acudimos a la relación inseparable de Cultura y la Educación, la cual nos permite remitirnos a la “Visión del mundo” que adquieren los individuos de un grupo mediante el proceso educativo, el cual se concreta luego en una ideología, que induce a la lucha por el control del “campo histórico.” [1] Porque la sociedad no sólo es sólo reproducción y adaptación, sino creación y producción de sí misma.

Lo anterior se puede sustentar en postulados, como los siguientes: Biológico, el origen de la vida no ocurre por generación espontánea (Pasteur, 1864), nada proviene de la nada. Químico, la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. [2] De nuevo, vemos arquearse las cejas mostrando escepticismo, a qué vienen las ciencias naturales en lo social. Sin debatir el punto, veamos un postulado Sociológico, que coincide con el que refuta la generación espontánea, al afirmar que las sociedades son entes vivientes, que nacen, se desarrollan y no desaparecen por completo, sino que dan origen a otras sociedades.

Las ciencias sociales observan fenómenos que se han separado de los fenómenos naturales, como si la humanidad  no formara parte de la naturaleza; pero, estos fenómenos o “Hechos sociales”  muestran algunas diferencias culturales, pues implican las maneras de obrar, de pensar y de sentir en una comunidad social.

Los Hechos sociales son producidos en y por la sociedad, por ende, son exteriores al individuo, pero ejercen una presión interna sobre el mismo y son coactivos, de modo que, si una persona trata de resistirse o de transgredirlos, se manifiesta inmediatamente la coerción social en forma de censura; la cual actúa con distintos grados de presión. En general, los hechos sociales muestran tres caracteres: Formal o institucional, como son las leyes escritas, la formación escolar. Informal en el ambiente privado o las modas y otras en el público. Y, no formal, en los medios de comunicación, las campañas de mercadotecnia o de partidos políticos.

Cada Hecho social como acción, pensamiento y sentimiento es forjado culturalmente y mediante la educación se imbuye en las personas que conforman una comunidad social. De ahí que se pueda afirmar, que la educación es el hecho social que cimienta  a todos los demás, y por ello adquiere los tres caracteres. [3] La  educación ha estado presente en la humanidad desde la prehistoria, por ello, el estudio de  la educación es muy amplio, abarca todos los ámbitos de la sociedad, porque se trasmite a través de todas las instituciones sociales. Por tanto el tema sería muy extenso, aun referido a las interrogantes propuestas en el título, ¿es lo mismo educación femenina o masculina, que educación de la mujer y del hombre?

Así que trataremos de concretar,  para empezar, bastaría decir que un asunto es feminizar a la Sujeta o masculinizar al Sujeto, [4] y muy otro es educarle como persona humana, sea hombre o mujer.  Ya que, el conjunto de las instituciones sociales han modelado  a la niña o a el niño, para que actúe, piense o sienta en femenino o masculino; desde el instante en que nace, se le empieza a condicionar desde la institución Familia, donde convergen todas las instituciones sociales –Escuela, Iglesia, Estado…-, con su fuerte carga de valores y conductas aceptadas  por la sociedad de la cual el individuo forma parte.

En el continuo intercambio de ideas, valores, opiniones, conocimientos, actitudes, etc., que se producen y mantienen culturalmente en la totalidad social, se van configurando paulatinamente, de modo directo o indirecto, las representaciones, los valores y las pautas de conducta que van induciendo formas de feminidad o masculinidad, que se traducen, indebidamente, en los “debe ser”, hombre o mujer.

Hablar de educación femenina o masculina es remitirnos a una visión dicotómica del mundo, la cual establece algunos principios, uno es que la mujer y el hombre no tienen la capacidad de realizar las mismas tareas. En consecuencia, rubrica  femenino al “debe ser mujer” y por tanto, le atañe el hogar y la maternidad,  aún si no lo es, se considera que debe actuar como madre de los demás; esto se denomina “maternazgo” y en consecuencia, la cultura  impone a la mujer para que consciente o inconscientemente,  elija carreras “femeninas”, como profesora de nivel elemental, educadora, enfermera.

La educación masculina también implica serios bemoles,  culturalmente se reprueba que el hombre realice tareas que supuestamente desdicen su masculinidad;  debe mantenerse dentro de los estereotipos “masculinos” y ser el proveedor,  por tanto, todavía es el cazador y le conciernen las tareas que se realizan en el ámbito público, extramuros del hogar,  espacio restringido para el quehacer femenino. La objeción es que esta visión del mundo dicotómica, constriñe a mujeres  y hombres, la educación femenina o masculina ha levantado enormes barreras que  impiden  al ser humano a pensar, sentir y actuar, conforme  la satisfacción personal,  incluso en la realización de tareas y profesiones denominadas masculinas o femeninas, [5] algo que ya muchas mujeres hacen.

La profesora en el nivel elemental o preescolar, concuerda con la idea de educación femenina, al propiciar que desempeñe el papel de madre, pero al mismo tiempo la reprime para que se forme en profesiones “masculinas”, y es accediendo  a éstas, que se está logrando el cambio hacia la educación de la mujer. Lo mismo ocurre en la educación masculina y la del hombre, por ejemplo, no hay más obstáculo para que sea educador, que su propia decisión.

El cambio no ha sido fácil y aún está en proceso, pero es posible, fundamentando el argumento en que la educación no se da por generación espontánea, sino que surge de la relación entre la educación como hecho social y la cultura. Una dificultad es la fuerza de la tradición, pues en muy distintas sociedades y diferentes periodos históricos, a la mujer y al hombre se les ha educado de modo dicotómico, la mujer para el hogar, el hombre para la calle; incluso la expresión “callejera” es peyorativa.

El hombre y la mujer se han visto obligados a actuar, sentir y pensar de acuerdo con los estereotipos de género. Es necesario subrayar que es en la familia y en la escuela donde la niñez empieza a aprender  como “debe ser”, sin mucha diferencia en cuanto a la clase de pertenencia, en ambas instituciones se le enseña a la niña a ser femenina y al niño a ser masculino, no se trata de una visión del mundo en la cual se eduque en la libertad de desarrollarse como ser humano; impedirlo es una forma de violencia,  reflejada en mandatos sociales.

Comprensible, hay que ser audaz y elegir una profesión masculina si se es mujer o femenina siendo hombre. Desde el momento en que llega al mundo, el ser humano va internalizando los símbolos sociales a través de la educación, por lo tanto, el cambio ha exigido el “valor” de transgredir los “valores” tradicionales.  Todavía hoy, en pleno siglo XXI, las estadísticas muestran que las mujeres tienen menor nivel de escolaridad que los hombres, aunque la brecha  ha disminuido,  porque es mayor en las personas de más edad, lo cual indica un cambio generacional. [6]

Si deseamos transformar la sociedad, y encausarla el desarrollo hacia una mayor equidad,  se precisa cambiar la visión dicotómica de una educación que feminiza o masculiniza a la persona, y dirigirla hacía una educación del ser humano. Para ello, es necesario pensar en una educación con perspectiva de género, enfocada al logro que varones y mujeres tengan las mismas oportunidades sociales y académicas, motivados a potenciar sus habilidades, destrezas y aptitudes, sin distinción de sexo.

La educación desarrolla el potencial humano, esto es fundamental para lograr el desarrollo de las personas en lo individual y de la sociedad en colectividad, es decir, del Estado. Es indispensable que cada persona, hombre o mujer, pueda tener una vida satisfactoriamente productiva. 

Mirtea Elizabeth Acuña Cepeda. Maestra en ciencias históricas, profesora- investigadora jubilada de la Universidad de Colima.



[1] Touraine Alain (1995). “La formation du Sujet,” en; Francois Dubet y Michel Wieviorka (dir.), Penser le sujet. Fayard, Paris; (1978). La Voix et le regard. Ed. Du Seuil, Paris, Francia
[2] Lavoisier, Antonio (1785). Ley de conservación de la materia: "En toda reacción química la masa se conserva, esto es, la masa total de los reactivos es igual a la masa total de los productos"
[3] Durkheim Emile (1975). Las reglas del método sociológico. La Pleyade. Bb Aa., Argentina; (2006), Libertador. Bs As, Argentina. La obra se publicó en 1895.
[4] Sujeta o Sujeto, debe acordarse al género. Ser” del cual se predica o anuncia algo (DRAE), en: http://lema.rae.es/drae/
[5] INEGI, Censo población y vivienda 2010; Mujeres y Hombres en México 2013, datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gastos de los Hogares, 2012. http://www.inegi.org.mx/inegi/default.aspx?s=est&c=2359&e=&i=
[6] INEGI, fuente citada.

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