POESÍA Sobrevivientes | José Barocio

Gustav Klimt

§

Y sucede a esta hora, extraña hora
en que todos duermen
y nosotros nos besamos
la piel o el alma, nos volvemos
las manos, el eco, las calles mojadas
por la lluvia de esta noche; huelo tu sexo
para comprobar que aún estoy vivo,
a veces hasta eso parece una incertidumbre,
con tantos muertos a lo pendejo,
¿quién no duda si respira y anda por ahí
viviendo de otra manera?
En vez de vida, quizá sólo me quedan
sueños y tú eres
el más hermoso de mis sueños,
mi amor nuevo, la ilusión
que me hace hasta dudar
de la vida, ¿o será que la vida y la muerte
son lo mismo, igual que la luz y la sombra?


Gustav Klimt

§

Soy la carne que se abraza a ti,
soy asombro, la música
que repite un ritmo y te contiene; un amanecer
a la orilla de aquel mar
todo para cuidar lo que es latido,
lo que resguarda cuando en los ojos
hay un brillo; la tarde y su calma
entre nosotros.
Voy a seguir procurando los sitios
que han sido un instante para los amantes
que como tú y yo son perseguidos
y lo dan todo con el corazón,
una ola viene y en la silueta
entramos, buscamos caracoles
para ocultarnos, salir cuando ya haya pasado
la guerra; después podremos pasear
por los parques y entonces diremos que somos los sobrevivientes
de una época turbulenta.
Seremos como en aquella película israelita en la que pueda decirles
que sin ti, soy un hombre triste,
que se vuelve frágil entre músculos de acero,
y perfumes de rosas rupestres,
lo que se abre o cierra es el punto
en las manos de quienes
con paciencia caminamos
lo desconocido sólo por lo tibio
de lo amado.


Gustav Klimt

§

Sería una mentira si dijera que no estoy
triste hasta mis testículos, hoy ellos no pueden
con eso de verte lejos, be careful it´s my heart –decía Bola de Nieve,
yes, be careful, it´s my heart, pero si eso te hace feliz, sigue ahí,
lo admito, con las mismas fuerzas que me di, prometo olvidarte;
un hombre como yo se abre el corazón como te abrió las piernas
para darse, nuevo, sangrante, entero, total, no a medias, eso sería
como no alegrarse por un día soleado; no te ocupes de mí,
cuando tengas más años que ilusiones, vas a entender
lo que podría parecer tan banal, cómo no adorar
tus piernas llenas de oro, y lo que hacías crecer
sin que intentaras adivinar lo que un hombre con estas emociones
puede dar, quizá te parezca poco, en tu vida siempre quedarán
residuos míos, te limpiarás de lo que pensarías
que se lava, lo que dejé en tus carnes, no lo quita nada, ni siquiera
el tiempo.
Be careful it´s my heart, no lo olvides. No se piense que el tiempo también
mata eso de sentir, tú sabes, cuántos imposibles
se podrían resolver, si esta historia fuera otra,
no en la que sólo falta que tomes un hacha y me saques
el corazón –y eso sería muy recomendable–,
no es lo mismo que te pasen estas cosas en otro tiempo,
porque tú lo pides, voy a conjugar ese verbo: olvidar, yo te olvido,
tú me olvidas, nosotros nos olvidados.



José Barocio (Chinicuila, Michoacán, 1970). Tiene cuatro publicaciones Poemas del deseo (publicación de autor), Agua total (Editorial Praxis), Biografía del olvido (Editorial Praxis), y Tres Pueblos (Editorial Praxis).


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