COLUMNA La isla del Quetzal | Daniela Albarrán

Mujer con rebozo

Hace poco tiempo mi profesora de francés me contó que cuando llegó de Francia a México, se sentía encerrada, le pregunté el por qué, y jamás hubiera adivinado lo que ella contestó: “Siento que México es una isla, estamos rodeados por el océano, ya sea a la izquierda o a la derecha; arriba está Estados Unidos, y abajo está Centro América, por eso creo que para un mexicano es difícil viajar a otro país; cuando yo vivía en Francia me iba de fin de semana a Italia y de verdad que eran como tres horas, sino es que menos. Aquí, viajas tres horas en auto y no llegas a otro país llegas a otra ciudad”. Y es ahí donde está lo interesante, los mexicanos son tan diversos que cada ciudad es diferente, tanto que pareciera que estás visitando otro país.

Si mi francés fuera lo suficientemente bueno, le hubiera contado que tiene razón, cada estado en México es como un país, todo es bien distinto, la comida, el color de la gente, las costumbres, el clima, el idioma y en este punto podría hacer una enorme lista de las cosas que hace diferente a la gente de una ciudad a otra, y eso no es lo verdaderamente difícil, sino responder a la pregunta que tantos estudiosos se han hecho ¿qué significa ser mexicano?, ¿qué es lo mexicano? ¿Cuál es su identidad?

Definitivamente no hay una sola respuesta, eso es obvio, por cuestiones geográficas, históricas, sociológicas y hasta demográficas, somos diversos, pero la pregunta que yo me hago es ¿de verdad no hay identidad nacional? Haciendo uso del DLE,  la identidad es “el conjunto de rasgos propios de un individuo o una colectividad que los caracterizan frente a los demás” es decir, deberíamos tener un conjunto de rasgos que nos diferencien de todas las demás personas del mundo.

En Tiempo mexicano (1971), Carlos Fuentes dice que la identidad del mexicano fue sustraída cuando los españoles llegaron; eliminaron su cultura, la arrancaron de raíz e impusieron una cosmovisión. México se quedó con la cicatriz del conquistador.

Después de la Independencia, donde se supone nos quitamos el yugo extranjero, continuamos faltos de una “identidad nacional propia”. Carlos Monsiváis en su ensayo titulado “La identidad nacional ante el espejo”, se refiere a la fusión entre Halloween y Día de muertos, un sincretismo que es per se innegable. Con esta metáfora es posible dialogizar los dos mundos que hay en México.

Hablemos de la influencia gringa que hay en México. Basta citar la taquería de la esquina llamada “John cecinas”; el famoso Taco In o el hijo de Juan que se llama Brayan para darse cuenta que el mexicano mientras llame a su hijo Charlie González o le ponga un nombre en inglés a su negocio, el hecho repercutirá en ganancias y oportunidades. O peor aún, buscan que sus hijos sean lo más “güeritos” que se pueda y si la genética no los apoya pues qué mejor que pintarse el cabello a lo Violeta Schmidt y de paso, tener el sueño del mexicano promedio: vivir en Estados Unidos.

Bien lo dice Monsiváis cuando escribió que, para el mexicano, lo moderno va de la mano con la piel clara y los ojos azules, y lo ancestral, lo antiguo, es el color moreno. El mexicano se avergüenza de ser mexicano, por eso no puede construirse una identidad, por eso no quiere ser independiente, no quiere aceptar que es diverso, que su identidad está en el sincretismo, y no en los estereotipos, como lo explica Roger Bartra.

No, lo mexicano no es el charro con su guitarra y sombrero que sólo se encuentra cantando en las plazas públicas, tampoco es el “macho mexicano”, ese hombre fornido que le pega a su mujer porque no le ha planchado la camisa, ni la esposa sumisa que se queda a cuidar a sus hijos ni la imagen de Frida Kahlo en los suvenires de los puestos turísticos.

México es una isla, la isla del Quetzal que se va desgarrando mientras otros vienen a robarle, a ultrajarle su oro, su jade, su historia, mientras en la lejanía, donde venden discos piratas retumba sin cesar la letra: “Yo la conocí en un taxi, en camino al club, me lo paró, el taxi, me lo paró, el taxi, me lo paró… Y ¿nuestra identidad nacional?



Daniela Albarrán. Vive en Toluca, Estado de México. Estudia el octavo semestre de la licenciatura en Letras Latinoamericanas. Ha participado en diferentes coloquios, tanto de su facultad como en otras ciudades de México. En 2016 ganó el primer lugar en modalidad de ensayo literario en el concurso “Motívate a leer” por el Gobierno del Estado de México.

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