OPINIÓN Revista El Comité 1973: suelo fértil para la creación | Daniel Olivares Viniegra


El espíritu horizontal de la publicación permite a sus colaboradores, además de publicar narrativa, poemas, ensayo, reseñas o sus portafolios creativos (en el caso de los artistas visuales), proponer temas o vincularse estrechamente con el Consejo Colaborador (que es casi lo mismo que el consejo directivo). Así, un abierto espíritu democrático por esta casa se respira, tanto como inspira… Los luminosos y fructíferos resultados pueden constarse mediante la piramidal suma de casi 30 números, donde los temas han ido desde la revisión de temas universales que motivan la creación (la amistad, la locura, el deseo, el sexo, la música), pasando por la revisión del quehacer literario clásico, histórico o actual tanto en el estado de Hidalgo, como en México o en muy diversos países (Roma, Grecia, El Renacimiento; Hungría, Alemania, Francia, Islas Británicas, Latinoamérica; La Gran Guerra), y sin rehuir el debate de la creación o la estética, así en abierto (el problema del lenguaje, traducción, censura, crítica literaria, microliteratura, novela negra, el séptimo arte) ni tampoco dejar de bordar por senderos más crípticos o propositivos (zoología fantástica, humor negro, ciudades imposibles, casualidad de lo eterno, el otro y su diferencia).
El mérito de todo ello debe atribuirse a la muy discreta pero efectiva y “seductora” batuta que siempre lleva en las manos Marco Antonio Meneses Monroy, durante mucho tiempo secundado por su escudero Israel González, ambos épicos sobrevivientes de la eclosión inicial, que asimismo tuvo una pujante y diversa dirección rotativa. En los últimos números, la prestidigitación de la unidad del contenido, en cuanto a los dosieres, y la continuidad y la calidad de las aportaciones, se debe a la amable y certera coordinación de Asmara Gay, auxiliada en los tiempos recientes por Patricia Oliver; si bien el lujo mayor es que todo quede arropado por el cada vez más visible quehacer de Israel Campos Nava, en lo que concierne a la formación y la ilustración; no menos encomiables son los esfuerzos de Almendra Vergara en cuanto a dosificar y filtrar el sobrado talento que suelen aportar los artistas plásticos invitados. Lo anterior sin dejar de lado el también sobresaliente apoyo que respecto a las labores de coordinación, ya cercanamente o desde insospechadas y remotas distancias han aportado colaboradores como Agustín Cadena o Guadalupe Flores Liera, por mencionar solamente a los más fecundos.
Concertar y concretar lo etéreo de todos estos destellos, que se condensan mayormente mediante la virtualidad de las redes, y corporeizarlos lo más posible en la tangible realidad que sea como fuere constituye esta publicación tiene apenas una explicación: existen aún los milagros compartidos, esos que nacen del amor por lo que irremediablemente se es; nacer para vivir y por fervorosa condena seguir sembrando y fecundando…
La publicación se acerca pues a un muy feliz 5º aniversario, signo calendárico que ha de servir como siempre simplemente para redoblar el placer de engendrar-engendrarse, es decir ser para sí y para los otros; lo  mismo que pródigamente florecer.

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