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    POESÍA Primer cuaderno o las exhalaciones del noctívago | Krishna Naranjo Zavala


    ENERO

    Conocí los gritos en noches calurosas que incendiaban la infancia,
    la arrebataban, la sometían al laberinto de los misterios
    Crecí hasta los dieciocho años porque luego del amor
    que según yo sentí por una mujer, cierta parte de mí se quedó en ella
    Floreció en un árbol que trascendió mis proporciones
    Grité su nombre siete veces pero siguió caminando con mis poemas,
    los llevaba arrugados en la mano derecha y ocultaba lágrimas
    que no me conmueven ahora porque se fosilizaron en el silencio
    Esperé a que transcurriera el mundo, a que conociera un poco más de mí
    pero sólo me hizo girar al ritmo de la ausencia
    No me di cuenta de lo que estaba pasando: era yo afeitándome,
    pendiente del celular, de los mensajes de la nueva ella
    Me debatí entre el corazón de la primera y el corazón de la segunda
    (era un hecho que yo necesitaba seguir de pie)
    En un mediodía repasé el alfabeto al aire y elegí la onceava flecha.


    FEBRERO

    Me sumergí en ella, cometí el error de perderme, de no saberme entero
    Le regalé mi aliento, le regalé un par de canciones,
    le regalé la oscuridad más onírica que pude encontrar en la sabiduría
                                                   del espacio
    Me hizo pedazos con sus manos blancas, decía no entender nada
    pero sospecho lo contrario: lo sabía todo, lo veía todo
    Era una perra llena de miedo, una vagabunda con mejor suerte
    Era la frágil presencia que se abisma cuando le hablan las estrellas al oído
    Era todo para mí, sus entrañas eran túnel
    por donde pasaba la voz del mundo, la voz del cosmos, la voz de un dios
    que nos veía desde su punta más alta y nos bañaba de sueños.


    MARZO

    Me transformé en el espejo más fiel de mi infancia
    No tenía fuerza para implorarle que se alzara en mi cuerpo
    No tenía nada: me llené de vacío, sombras erraban
    cuando no sabía nombrar lo que explotaba en el corazón
    que ella había reventado con su espíritu férreo
    Pasaron los ciclos del alba,
    me recordaban cuando me sometía a sus cabellos
    —dulce compañía que cristalizaba mi sueño infantil—
    que también me quitó con su mano de bruja

    Yo la recuerdo con ternura, yo la recuerdo con odio
     no importa, yo la recuerdo
    Yo no quería colocarla en un trono para dedicarle versos,
    la hubiera destruido con la espada de mi pensamiento
    pero frente a sus ojos, la miel hería mis párpados

    No era mi intención edificarla con granos de oro,
    también me provocó náusea, también me dieron asco los momentos
    que arrojamos a la barranca de la mierda
    Un buen día la mandé a la chingada, así nomás la desbaraté en el viento
    pero su perverso nombre traza una espiral constantemente
    cuando voy por las avenidas que repasamos juntos
    La recuerdo y exploro sus piernas desde mi sentimiento invertido,
    desde el punto que está lejos de sus coordenadas
    Probablemente ella duerme cuando la tomo entre mis brazos.

    Los poemas pertenecen a Batalla de la aurora (Puerta Abierta, 2015).


    KRISHNA NARANJO ZAVALA (Colima, México, 1984). Es Maestra en Letras Hispanoamericanas. Actualmente estudia el Doctorado en Estudios Mexicanos en el Centro de Estudios Superiores y de Investigación (CESI). Es coordinadora académica de la Licenciatura en Letras Hispanoamericanas de la Universidad de Colima. Es integrante, en calidad de colaboradora, del cuerpo académico 49 “Rescate del patrimonio cultural y literario” de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. Ha publicado los libros de poesía: Letanías Mestizas (2011), Batalla de la aurora (2015), Tierra de cada día (2015). Tal vez el bosque (2016).

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