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CUENTO Somos demasiado jóvenes para estar tan tristes | Jonathan Becerra


And someday, maybe
Who knows, baby
I’ll come and be cryin’ to you
Bob Dylan

A
Son las cuatro de la tarde, algunas nubes cubren el sol mientras suben por las escaleras del café. Es un café nuevo, con un balconcito que da al callejón.  Ella espera una plática amena, confía en que la incomodidad pasada se haya esfumado. Él no sabe qué esperar, con no arruinar la tarde diciendo algo que ya no importa se conforma.

B
Son las cuatro veintitrés de la tarde. Él la está esperando en el portón de su casa. Ella llega con ese paso despistado de siempre, la recibe con un beso.
―Hola.
            ―Hola. Perdón por llegar tarde, mi mamá me pidió que la acompañara a comprar unas cosas.
            ―No te preocupes… ¿subimos?
            ―Sí, pero primero acompáñame a ponerle una recarga a mi celular.
Extiende su brazo y la rodea del cuello. El sol sigue cubierto, caminan a un mismo paso. Él la espera fuera del Oxxo y prende un cigarro. Levanta la mirada para observar las nubes que se mueven lento. Ella sale, se deja rodear de nuevo. Regresan al portón, él abre y la deja pasar primero.

C
4:52 p.m.
Hola
5:07 p.m.
Hola
5:10 p.m.
Te vi en la escuela y no me saludaste
5:36 p.m.
Ah ¿sí? No te vi, iba con prisa
5:40 p.m.
¿De verdad? Porque yo creo que sí me
 viste pero me ignoraste. o ¿no?
6:16 p.m.
No, en serio no te vi. Y si tú me viste
¿por qué no me dijiste nada?


A
Son las cuatro treinta y seis de la tarde, él ya se acabó su taza. No puede evitarlo, cuando siente que el café empieza a entibiarse se lo toma en dos tragos. Por eso siempre pide americanos bien calientes sin importar el calor. Ella va a la mitad de su latte, el primero de su vida. Él no puede creer que haya vivido tanto tiempo sin café pero bueno, ella lleva toda su vida sin cosas que para él son esenciales.
            Sonríe, actúa natural. Trata de no perderse en esos ojos, de no dejar que lo arrastren al lago sereno, pero hondo al fin, que esos ojos tienen dentro. Tiene ¿qué, tres meses? que le dijo lo que sentía, que se encaminó, sabiéndolo, al abismo. Estaba consciente de que el fracaso era el único destino pero lo hizo de todos modos porque no podía seguir así, le dijo. La verdad es que albergaba una esperanza, una esperanza contra todas las posibilidades, una esperanza de comedia romántica, la esperanza que sólo alberga alguien que lleva mucho tiempo desesperanzado.

B
Son las cuatro cincuenta y seis de la tarde. Algún rayo de sol logra atravesar las nubes y colarse por la ventana. Luego vuelve a ser sepultado en las alturas.
            ―¿Así?
            ―Sí, así.
            ―…
            ―Más fuerte.
            ―Jmmm.
            ―Ahh, más…
            ―…
            ―Sí, así. Más fuerte mi amor.
            ―…
            ―Déjame acomodarme… porque… ya me cansé…
            ―,,,
            ―¿Así estás cómoda?
            ―Espera, nomás me… ya.
            ―…
            ―…
            ―…
            ―Ahhh.
            ―…
            ―Sí, ahh… qué rico.
            ―Jmmm.
            ―Sí, mi amor. Así, así, así… ¡Así! ¡Así! ¡Así! ¡ASÍ! ¡ASÍ! ¡ASÍ!... Ah…

C
7:10 p.m.
No lo sé, no quería que fuera
algo incómodo
7:41 p.m.
Sólo era un saludo. Yo lo habría
hecho si te hubiera visto. Además
tú y yo quedamos bien ¿no?
7:46 p.m.
Sí, pero no sé. A veces pienso que
podríamos hablar de nuevo,
cambiar las cosas
8:23 p.m.
No.
Mira, aprecio mucho lo que tuvimos
pero quedamos en que no era algo
serio. Fue bonito, me gustó mucho
y sigues siendo especial para mí
pero no de esa manera
8:27 p.m.
¿Por qué no dejas que alguien te quiera
bien? ¿Le tienes miedo al compromiso?
¿A ese nivel de intimidad? Déjame
llegar ahí, no te cierres. Vamos por un
café y platicamos, sólo eso te pido.

A
Son las cuatro cincuenta y siete de la tarde. Un rayo de sol atraviesa la jacaranda ya sin flores que está frente al café y choca con la espalda de ella. Sólo él lo ve: su cabello se enciende e ilumina toda la planta alta. Acostumbrado a estas visiones cuando está con ella, vuelve a poner atención a lo que le dice. Ella le sigue contando sobre sus días de antes, de los juegos y las risas.
            Poco a poco, su mirada se vuelve más sombría. Es apenas perceptible pero él lo nota al instante. Las cosas que cuenta empiezan a perder la alegría de la añoranza y se vuelven tristes, dolorosas. Ella sigue contando, ya nada la detendrá de sacar todo lo que, al parecer, nunca le había dicho a alguien: penas, cosas que hizo y juró no volver a hacer, vergüenza por hacerlas de todos modos, pasados que sabotean las sonrisas. Es ahí cuando se da cuenta de que la persona más triste en esa mesa no es él, sino ella. A pesar del rechazo, de haber estado enamorado durante meses, del desamor, su tristeza no se compara con la de ella. Esto no lo trae alivio alguno. No le queda más que apretar los puños y mirar fijo esos ojos, de los que empiezan a brotar lágrimas.

B
Son las cinco veintisiete de la tarde. El viento se llevó las nubes y el sol brilla tenue, listo para esconderse. Él duerme sobre su pecho, protegido por las cobijas y seguro de su felicidad. Ella descansa la cabeza sobre una mano y con la otra le acaricia el cabello. Está mirando fijamente el techo, repasando los últimos meses. No puede quitarse esa sensación que la ha estado acechando durante semanas. Aún acostada junto a él, sabe que algo no está bien, que necesita discutirlo. Ha querido decírselo desde hace días pero no ha encontrado el momento. Baja la vista del techo y mira la ventana, el sol palidece a cada segundo. Aún con la mano acariciando su cabello, decide que mañana le dirá las palabras, las palabras que sólo significan una cosa, palabras que lleva días rumiando con tristeza, enojo y desesperanza: tenemos que hablar.

C
10:01 p.m.
No. Yo no sirvo para eso, ya no.
Esperaba que pudiéramos ser amigos,
pero si vas a estar en ese plan no
creo que se pueda. Por favor ya no
me busques y si te llego a ver,
ahora seré yo quien te evite.
10:12 p.m.
No, por favor. Podemos ser amigos,
no quiero dejar de hablarte
Visto, 11: 06 p.m.
11:06: p.m.
Mira, hacemos como que esto no
pasó y tú y yo como si nada
¿te parece?
Visto, 1:06 a.m.
1:49 a.m.
¿Hola?
Visto, 7:15 a.m.
8:06 a.m.
¿Estás?
Visto, 10:21 a.m.



JONATHAN ESPÍRITU BECERRA (Puebla, 1993). Estudia la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP. Ha publicado en diversos medios electrónicos. Ha ganado el Premio Filosofía y Letras de la BUAP y una mención en el Concurso 47 de Punto de partida, ambos en la categoría de cuento.


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