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CRÓNICA Onetti | Marco Antonio Cervantes González


Juan Carlos Onetti Borges. Onetti y su rutina: muere de angustia por las tardes, escribe y nace de madrugada; a veces lee novelas policiacas que le permiten, un poco, curarse de la desesperación del insomnio. Cuando quiere como león perezoso, escribe algunas de las mejores novelas y cuentos en español del siglo XX.
        Onetti en fotografías ocres bajo una sombra eterna de fastidio. Onetti que camina medio vestido en el pasillo de su apartamento, trata de escribir y no puede, trata de leer y no logra sostener nada, escucha que tocan insistentemente la puerta dee su apartamento. Camina; bosteza. Nunca le abre la puerta a nadie. El escritor y sus memorables libros: El astillero, El pozo, Juntacadáveres, Cuando ya no importe.
        Onetti que se emborracha un día sí y el otro día también con la ayuda de un ingenioso artefacto hecho de mangueras, popotes y vasos que le resuelve levantarse lo menos posible de la cama. Onetti con su Carlos Gardel y su William Faulkner. Con la ternura de sus mujeres y la desdicha de los sueños realizados. Onetti y sus personajes: dueños de cabarets clausurados, empleados de astilleros abandonados, hijas de tuberculosos, travestis que sólo tienen para cenar sardinas enlatadas, mujeres con las que nadie baila. Onetti con sus tramas con olor de ginebra, sudor y tabaco oscuro.
        Onetti y el inventor de un estado de ánimo: Santa María, el pueblo donde nacen y se matan sus fantasmas. Onetti que destroza emocionado el espejo de su baño después de haber leído un relato de Cortázar. Onetti y la deslealtad, el engaño y la desdicha, del que sus compañeros de oficina dicen: “Pobrecito, no es de este mundo”. El mismo que escribe en su primera novela: “pero todo esto me aburre, se me enfrían los dedos de andar entre fantasmas”. El que entendió el amor, la compasión y la desesperanza como muy pocos. Nuestro querido Juan Carlos. Él y su vida breve: “Escribir, hacer de vez en cuando el amor y beber”.


MARCO ANTONIO CERVANTES GONZÁLEZ. A veces escribe y a veces da clases. También, en muchas ocasiones, lee a Juan Luis Guerra y escucha a Julio Ramón Ribeyro. Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM; le va al América, por cierto.
 
Imagen | El diario

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