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TEXTOS CARDINALES Reducción del infinito, 2002 [fragmento] | Ida Vitale


VÓRTICE

La hoja en blanco
atrae como la tragedia,
traspasa como la precisión,
traga como el pantano,
te traduce como lo hace la trivialidad,
te engaña como sólo tú mismo puedes hacerlo.
Atrapa con la dominación del delirio,
encierra todo el dolor
o la ya tan difícil exaltación.
Sobre todo cumple pretorianamente
tu encomienda: te veda
la justicia por propia pluma.


PARÉNTESIS, CASA FRÁGIL

Cuando la cerrazón arrecie
abre paréntesis, signo tibio,
casa frágil
que no tiene más techo
que el cielo imaginado
(aunque sea adusto, ácido, aciago,
si es otro quien lo abre),
piensa dos manos
que protejan tu rostro,
de veras miren dentro de ti,
agrupen sol contra el invierno,
sol y solvencia humana.
Aunque debas cruzar
bosques de tiempo,
pisar tantas hojas secas
en el suelo de la memoria,
cuidar no ser tragado
por zanjas de sorpresiva erosión,
búscate en el paréntesis,
como en palabras para siempre calladas.


CON LA MUERTE EN LA LENGUA

Lengua del mundo, acorralada:
cuánta muerte recibes, nos destinas.
De a gotas te desangran, vigía ciego,
agrandan el vacío, ya no en tu gruta:
al par de la intemperie.
Nefastas voces
que ya no te requieren,
tejen aboliciones, atropellos.
¿Se habrá perdido el tiempo
y el espacio y el modo
de sostener el sueño
para el que toda una estirpe
          se creyó señalada?


TRADUCIR

Alguien desborda,
al centro de la noche.
Ante un orden de palabras ajenas,
rebelde sometido,
ofrece el canto de toda su memoria,
las reviste de nueva piel
y con amor
las duerme en nueva lengua.

              Apagada la luz,
el viento se pregona entre los árboles
y junto a la ventana hay frío
y la certeza de que todo paisaje
adentro se interrumpe
como frase que alcanza la madriguera
del terrible sentido.
            No hay dispuesto
en el yermo
          un benévolo guía.

Los pasos son a ciegas,
el cielo sin estrellas.
Y el pensamiento anticipa las fieras.


SOL O LLAMAS

No abuses, sol, de nuestras equivocaciones.
Horrendas calles sin árboles construimos,
playas incendiadas que no salva ningún próximo mar;
signo tras signo, depreciamos la atmósfera,
las prodigiosas capas del aire
cuyas gasas velaban nuestra suerte.
Si tendemos las manos hacia ti,
si en la frente aceptamos tu fuego,
una piel que se seca, se envenena, muy pronto
será polvo, es nuestro triste premio.
Brillas, Vivasvant, sin obstáculos.
Ahí estás como meciendo santo
y simplemente esperas.


Poemas de Poesía reunida, 1960-2017 (Tusquets, 2017). 

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IDA VITALE. Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Vivió en México de 1974 a 1984, radicándose definitivamente  en Austin, Texas, desde 1989. Además de poeta, es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: «La luz de esta memoria» en 1949, «Palabra dada» en 1953, «Cada uno en su noche» en 1960,«Oidor andante» en 1972,  «Jardín de sílice» en 1980, «Parvo reino» en 1984, «Sueños de la constancia» en 1988, «Procura de lo imposible» en 1998, «Reducción del infinito» en 2002, «Plantas y animales» en 2003, y «El Abc de Byobu» en 2005.  

Imagen | ABC

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