El que recibe a sus amigos y no presta ningún cuidado personal a la comida que ha sido preparada, no merece tener amigos. Anthelme Brillat-Savarín.

Desde una noche antes comienzo a planear qué haré de comer al siguiente día; abro el refrigerador, reviso la despensa y por mi mente un torrente de imágenes se va agolpando, creo que hasta los olores llegan; después voy al ritual antes de dormir (esa es otra historia, ya se las platicaré) y me dejo llevar por Morfeo, para que a la mañana siguiente inicie la nueva jornada.

Todos sabemos que comer es una necesidad fisiológica, por ende tiene que observarse desde la cuestión biológica, tal vez por esa razón olvidamos cómo incide en nuestros procesos identitarios y de qué manera nos vamos fusionando en otros sabores. Todos los alimentos gozan de significados y usos variados, por eso cuando uno lee un libro, escucha una canción o ve una serie o película, uno se extraña o intriga cuestionándose ¿qué es lo que está comiendo el personaje?

Parte del secreto del éxito en la vida, es comer lo que te gusta y dejar que la comida luche en tu interior[1], con esa frase me comí con algo de miedito una fruta que jamás había visto, era un litchi[2] y después de eso me sentí una niña grande porque era algo que nunca había probado. Entiendo que en los años 70 no era tan sencillo adquirir ciertos productos, pero ahora con eso de la globalización y sus repercusiones en el comercio internacional podemos encontrar de todo, no crean que estoy abonando al consumismo desmedido, más bien viene a mi cabeza la posibilidad de realizar un excelente plato italiano, taiwanés, peruano, argentino o japonés. Y aunque no lo crean, a veces los productos son los que podemos encontrar en nuestro mercadito de la colonia o en un supermercado, la idea es sentir en el paladar lo que sintió Keiko[3] al comer un onigiri[4], o lo que no de muy buena gana cena Gaspar, hijo de Juan[5] cundo llegaron al hotel y cómo no sorprenderse de que a Botchan[6] le prohibiera su Director Escolar comer soba[7] porque sería mal ejemplo para los estudiantes.

Comentaba el gran Gabo[8] que alrededor de la comida se afianza un conjunto de reglas, a menudo muy estrictas, que dan sentido e identidad a cada grupo; creo que ustedes y yo disfrutamos de un almuerzo familiar, de prepararnos algo para comer aunque estemos en casa solitos, acudir a un mercado, fonda o restaurante sólo porque ahí venden lo que más nos gusta, y solemos decir: Te juro que de verdad está sabroso; y tanto lo reafirmamos que quienes nos rodean lo creen y comienzan a realizar ese mismo ritual.  

Sé que en alguna otra ocasión compartí en Escafandra los procesos de comida y mi pasión por preparar de comer y compartirlo con quienes amo, pero esta vez quise platicarles cómo todo lo que va teniendo influencia en nuestra vida diaria impacta en nuestro acto de comer. Hace algunas semanas comencé a ver una serie japonesa llamada Midnight Dinner: Tokio Stories[9] y las historias giran en torno a un espacio que sirve de comer de doce de la noche a siete de la mañana, ahí el cocinero o maestro menciona que sólo hay lo que dice su menú “Sopa de miso con cerdo, cerveza, sake y Shochu”, pero si tiene los ingredientes o el comensal los lleva prepara cualquier plato. Entonces se va enlazando la historia de o los personajes con los platillos típicos japoneses. Pero ¿saben qué me emociona? Cada vez que los degustan hay una melancolía y remembranza por los alimentos de la primera edad o de las casas en donde se ha crecido. Y no crean que ahí concluye todo, al final de cada episodio se dirigen a nosotros y nos explican cómo prepararlo, eso es genial. Recordemos que comer será siempre un signo que registra nuestras condiciones culturales y sin duda se encuentra involucrado en todos nuestros procesos rituales[10].

Es interesante saber que esta serie japonesa está basada en un manga de Yarō Abe[11] y que rompe tabúes en torno a los personajes, entendiendo que la tradicional cultura japonesa podría excluir, o al menos así puede ser entendida desde la mirada occidental, así tenemos a un yakuza, bailarinas de club nocturno, sexoservidoras o miembros de la comunidad LGBTTTI. Una serie que podría ser de gastronomía, pero también de hacer comunidad, del reconocernos en los otros con nuestras similitudes y nuestras diferencias.

Recomendamos:

Abe, Yaro. La cantina de medianoche. Atisberri, Bilbao. 2019.  
Paul, Stevan. Cocina japonesa: Recetas para cada día. Kindle.

Foto de Teona Swift en Pexels


[1] Escuchaba esa frase en un restaurante japonés cuando era yo muy pequeña, muchos años después leí que se le atribuía a Mark Twain.
[2] Este fruto tiene un color rojo muy atractivo, es de cáscara  gruesa y de un sabor muy dulce.
[3] Personaje de La dependienta de Sayaka Murata
[4] El onigiri es una bola de arroz rellena o mezclada con otros ingredientes, que a menudo tiene forma triangular u oval y que se encuentra envuelta en una tira de alga nori.
[5] Personajes de la novela Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez. Gaspar se cena un sándwich que es llamado Choripan.
[6] Personaje que da nombre al libro Botchan del escritor Natsume Soseki.
[7] El platillo soba son unos fideos elaborados de trigo.
[8] Le llamaban así al escritor colombiano Gabriel García Márquez, esto haciendo referencia a su apócope.
[9] Se encuentra en la plataforma de streaming Netflix.
[10] Cuando hago esta señalización es porque en determinadas fechas o eventos, cada sociedad prepara y consume platillos que sólo en esos ritos se llevan a cabo: Bodas, cumpleaños, velorios, graduaciones y otros.
[11] Aquí pueden encontrar el manga https://bit.ly/3qLC59y

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