No puedo dejar de relacionar a Jane Austen (1775, Steventon, Inglaterra) con cierto restaurante de la ciudad de México cuyo exterior está cubierto de azulejos. Y supongo que esta relación tiene que ver con haberla leído justo durante ese viaje que hice con mi familia, tal vez tendría doce años, no recuerdo bien, pero fue un paseo que me maravilló, lo mismo que las historias de Austen. 

La ciudad de México a los doce años no tiene nada que ver con aquella que viví durante mi etapa de jardín de niños, mientras se hacían y nacían dos de mis hermanos. Esta era obviamente más grande, más excitante, más colorida. Y saber que estábamos pisando lugares con cientos de años, cuyos espacios habían sido habitados por personajes más lejanos, y la maravilla de los azulejos cubriendo toda una esquina, tan cerca de un edificio tan regio como correos y otro tan moderno, en aquella época, como la Torre Latinoamericana, daba cierto caché a mi experiencia fuera del pequeño pueblo donde vivía.

Había sorpresa en cada lugar al que íbamos. Incluso algo tan anodino como pueden ser ahora unas pasas con chocolate, se volvían más deliciosas, sobre todo combinadas con la lectura de Sensatez y sentimientos u Orgullo y prejuicio.

Creo pertenecer a la última generación de chicas a las que nos hicieron creer que nuestro destino era casarse y tener hijos. Por eso el encanto de Austen. Sus mujeres están en espera de eso, aparentemente. Y bueno, ¿quién no esperaba un Darcy en su vida? Al menos yo con doce y Bridget Jones con treinta y dos lo creímos encantador. Dije “aparentemente” porque ya bien leída o bien vivida, las cosas cambian, depende de quién estemos hablando.

Porque, verán, sus personajes con más complejos que ese mundo en donde parece ser que solo se habla de quién se casa con quién, o de por qué el amor es tan difícil entre clases sociales distintas. Jane Austen, a pesar de lo que hoy se considera su corta edad, tenía esa visión crítica de la sociedad que habitaba. Una mirada que la hacía cuestionar precisamente esos modos de vida que para las mujeres terminaban en la puerta de sus casas. No había salida más que convenientemente casada. 

Las novelas de Austen son las ideas y sentimientos de una mujer inteligente hacia esa injusta existencia que las hacía esperar algo que quedaba muy lejos del poder que pudiera tener una chica; por muy leída, por muy claras que tuviera sus ideas, por muy encantadora que fuera, no tenían otra opción que ocultar sus rebeldías, en aras de obtener un marido que las llevara a otra casa, donde el límite seguiría siendo la misma puerta.

Las heroínas de Austen están llenas de esperanza, no son de las que se suicidan para salir de entuertos. Hay mucho humor en la manera como ven la vida, como resuelven situaciones y son personajes perspicaces. Dueñas de sus vidas por obra y gracia de su voluntad como la misma Jane, que no se casó para poder seguir tomando sus decisiones y no tener que dar razón a nadie de su comportamiento.
Con el tiempo Darcy evolucionó a muchos otros posibles novios con los que siempre hubo duda si era o no conveniente seguir, porque era mejor continuar viajando, vistiendo como soy y ser libre en un mundo donde todavía existía el “no, porque eres mujer”.

La ciudad de México sigue siendo ese espacio de crecimiento con cada visita, Jane Austen también. La emoción de preparar una fiesta, de conocer gente, de resolver confusiones y de salir avante de cualquier situación, permanecerá en mí, como en esos personajes de Jane, que a pesar de tener más de doscientos años, siguen siendo entrañables para la mayoría de las mujeres, sin importar la edad que tengamos. 

Un equilibrio entre todo lo que es una mujer y lo que se supone esperan que seamos

Foto de Volkan Vardar en Pexels

TERESA MUÑOZ. Actriz con formación teatral desde 1986 con Rogelio Luévano, Nora Mannek, Jorge Méndez, Jorge Castillo, entre otros. Trabajó con Abraham Oceransky en 1994 en gira por el Estado de Veracruz con La maravillosa historia de Chiquito Pingüica. Diversas puestas en escena, comerciales y cortometrajes de 1986 a la fecha. Directora de la Escuela de Escritores de la Laguna, de agosto de 2004 a diciembre 2014. Lic. en Idiomas, con especialidad como intérprete traductor. (Centro Universitario Angloamericano de Torreón). Profesora de diversas materias: literatura, gramática, traducción, interpretación, inglés y francés. Escritora, directora de monólogos teatrales y autora del libro de cuentos El fin de la inocencia (Quintanilla ediciones, 2020).