El deporte no forja el carácter, lo pone de manifiesto. Heywood Hale Broun

De pequeña, allá en Ermita Iztapalapa frente a la clínica 15[1] del IMSS, comencé a vivir mis primeros acercamientos al evento de las Olimpiadas en una televisión analógica blanco y negro. Emocionada mi mamá se levantaba cuando pasaba la representación de nuestro país, claro que yo me alborotaba y como si tuviera una bocina dentro gritaba ¡México, México! Recuerdo que cuando vi a Misha[2] pensé que podría ir a una farmacia a comprar uno, ya sé que se preguntarán ¿Por qué en una farmacia? Ahí vendían aretes, carritos, peluches y hasta cajitas de música ¡Me encantaba! Pero no, no tenían al osito de los juegos olímpicos de Rusia 1980.

El encuentro olímpico[3] es uno de los eventos más significativos en torno al deporte, pero sin duda, también es una oportunidad para conocer los procesos culturales del país sede. Se dan cita todos los países del mundo y confieso que este año que veía la inauguración hubo algunos que estoy segura no estudié en la secundaria o bien, no existían aún (Kiribati, Kirguistán, Micronesia, por ejemplo). Se llevan a cabo cada cuatro años, pero esta vez por contingencia sanitaria fue de cinco, aunque si ustedes han podido observar dice “Tokio 2020”, y esto tiene que ver con todo el proceso de planificación de las marcas deportivas, de telecomunicaciones, multinacionales[4] y el e-commerce[5] que con años de antelación inician toda la odisea para arrasar con los bolsillos y patrocinar a los atletas consagrados o prometedores.

Estos días de olimpiadas hemos podido ver cómo se han roto récords por milésimas, actos extraordinarios de solidaridad o remontadas espectaculares aún cuando ha habido percances; les han llamado la Olimpiada de la Inclusión y creo que vendrán más análisis en torno a ella. Pero ¿qué pasa por nuestras cabezas cuando al otro lado del mundo, en las horas de nuestro sagrado sueño participan nuestros compatriotas? No crean que responderé, cada uno de los que leen #Escafandra podrán sacar sus deducciones, pero de los más de 126 millones de habitantes[6] que hay nuestro país, cuántos practican un deporte o se iniciaron desde la infancia: Pocos, poquísimos.

La disciplina deportiva es ardua y también tiene un impacto económico al interior de una familia, por ello el futbol es el deporte estrella, ya que siempre nos dicen que podemos jugarlo hasta con una lata de refresco y hacer porterías con unas piedras, pero eso no es hacer deporte, eso es pasarla bien y divertirnos con nuestros cuates. Un deporte tiene una serie de reglas que se tienen que llevar a cabo y un aprendizaje constante, es decir una disciplina que muchas veces sólo se reflejará en segundos de participación, sí, porque se preparan cuatro años para pasar en segundos con un clavado, una carrera de atletismo, o un tiro con arco… y más.

Nosotros no somos islas[7], lo han pensado ¿no? y es que en cualquier área en que nos desarrollemos veremos influencia de una u otra cosa, por eso me impacta que en diversas redes sociales personas que se dedican al arte o los procesos culturales se extrañen que otro creador (hombre o mujer) se exalte, enloquezca y disfrute de los deportes y claro, de los encuentros olímpicos; tal vez no se sabe que han sido varios creadores que han combinado su proceso creativo con el deporte.

Albert Camus practicó futbol, Agatha Christie hacía surf[8], John R. R. Tolkien fue tenista, Ernest Hemingway practicó el boxeo y muchas veces lo incluyó como elemento importante de su obra. Pier Paolo Pasolinni, a su vez, driblaba a sus rivales en cada partido de futbol y qué decir de Haruki Murakami que cada año se prepara para correr maratones. El gran Jack Kerouak jugador de futbol americano, la periodista y escritora Leila Guerriero disfrutan de correr de manera constante; Omar Nieto practicó Karate, Balam Rodrigo jugó futbol y Francisco Tario fue arquero.

Disfrutar el deporte es tan válido como el disfrute que se tiene al leer una obra literaria o escuchar una sinfonía; hacer deporte de manera constante mejora la condición física y reduce riesgos en la salud, brinda un tiempo para sí y estimula a retarnos cada día, enseña disciplina y crea vínculos solidarios con otros seres humanos que disfrutan del mismo. ¿No han sentido que su piel se eriza al ver una contienda deportiva? Espero que sí, así que Citius, Altius, Fortius[9], que valga la pena haber despertado y disfrutar un nuevo día.

P.D. Yo suelo ir a correr, he estado en carreras de 5 y 10 km, y sigo intentándolo cada mañana.

Recomendamos:

A puño limpio. La gran historia del boxeo. Almadía/Proceso, México, 2018. 
Buzzati, Dino. El giro de Italia. Gallo Nero, España, 2015.
Echenoz, Jean. Correr. Anagrama, Barcelona, 2010.

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[1] La Unidad de Medicina Familiar del IMSS, se encuentra en Clzd. Ermita Iztapalapa No. 411 Capricornio y La Viga, Col. Prado Churubusco, Coyoacán, CDMX.
[2] Misha fue la mascota de estos juegos olímpicos; un oso pardo simbolizaba al pueblo ruso.
[3] Las Olimpiadas tienen su origen en las contiendas de la antigua Grecia; en la era moderna es en 1986 cuando volvieron y para quedarse.
[4] Las empresas multinacionales son grandes corporaciones que tienen su sede en un país, pero alrededor del mundo existen franquicias o extensiones.
[5] Se llama e-commerce al comercio electrónico que se lleva a cabo por medio de internet o en línea.
[6] http://cuentame.inegi.org.mx/poblacion/habitantes.aspx?tema=P%20]
[7] Thomas Merton escribió Los hombres no son islas, en este texto expone cómo es que estamos en constante vinculación con quienes nos rodean.
[8] En estos juegos es la primera vez que el Surf se incluye como deporte de competición olímpica.
[9] Citius, Altius, Fortius (Más rápido, más fuerte, más alto). Frase inspiradora de los Juegos Olímpicos para que los deportistas den su máximo esfuerzo.

Imagen tomada de Internet. 

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