ESCAFANDRA La revolución no pasa por la universidad | Blanca Vázquez


Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Salvador Allende

Una noche desperté bañada en sudor porque estaba soñando que iban persiguiéndome diversos grupos policiacos por las calles de Acapulco, recuerdo que me incorporé de inmediato y comprendí el por qué de tal situación. Leía por aquellos días La noche de Tlatelolco y era tal mi impacto a lo sucedido que mi subconsciente lo manifestó en el estado onírico. Por esa misma época llevamos a cabo una instalación (antes no se decía así) de arte respecto a ese tema. Llegó a sorprenderme que algunos de mis compañeros de universidad desconocieran tal episodio del país y yo más rauda que veloz tomé las riendas para pedirles que se informaran porque a partir de ese 1968 la vida de México dio un tremendo giro.

Quisiera de alguna manera decir que todo se había movido para mejores condiciones sociales pero no. No fue así. Creo que la matanza del dos de octubre fue la antesala de constantes violaciones a los derechos humanos y a la violencia imperante en este país. En aquellos momentos los jóvenes universitarios y grupos sindicales tenían claro el contexto en que estaban viviendo, removieron así las conciencias y se organizaron. ¿Quién se atreve a decir que el ser humano no es solidario? Lo es. Quien destruye ese principio es el poder y las estrategias de un sistema que pretende la acumulación de riquezas y ganancias.

Tiempo después acudía a la marcha del silencio en la CDMX y confieso que sentía dentro de mí una sensación que lindaba entre el coraje y la nostalgia. Puedo imaginarme jóvenes vivos llenos de ideales y pasiones, inconformes con el estado de situaciones que vivían y hoy ese mismo sistema les ha arrebatado a los jóvenes de este México actual su memoria colectiva para ignorar eso que otros lucharon por nosotros.

Este día hay marchas, aparecen nuevos datos, fotos nunca exhibidas, los periódicos están llenos de ese momento, pero creo que al siguiente día se diluye, como se diluye la esperanza en un México mutilado por verdades históricas y por pantomimas públicas que en lugar de beneficiar a la ciudadanía le golpea de manera tan simbólica que ni siquiera tiene tiempo de quejarse y aún mucho peor, ni siquiera se da cuenta que está siendo violentada.

Entiendo que me dirán que claro que se dan cuenta, que todos los días sabemos de asaltos, muertes o secuestros; pero yo me refiero a esa violencia que está ejercida desde las instituciones para tener ciudadanos acríticos, libres de posturas ante situaciones de agravio colectivo. Viene a mi mente el Palacio de Lecumberri y no puede dejar de doler al mirar fotografías o leer historias de vida de aquellos que fueron encerrados en ese modelo de penitenciaria sólo por exigir una mejor educación y vida digna para los grupos de trabajadores y estudiantes.

Otro aniversario, otros recordatorios, hace pocos días se han cumplido dos años de Ayotzinapa y el Estado mexicano sólo hace una mueca de solidaridad estúpida. El 68 y Ayotzinapa son el rostro del terrorismo de estado ejercido a lo largo y ancho de este país que enarbola héroes de papel y mantiene pasividad en sus acciones cotidianas.

Tal vez se pregunten ¿y qué quieres que haga? Definitivamente, que no haya pasividad y aletargamiento ante situaciones de crisis social, que pensemos que si no vivimos en el 68 y no fuimos afectados o que no viven cerca de Ayotzinapa o creen que estos jóvenes se lo buscaron, lo reconsideren. Existe un enmarañado de situaciones que dejan desnudo a un ser humano que es tomado como moneda de cambio por el mejor postor.  Otro dos de octubre, otro Ayotzinapa, que las voces no se callen y que los jóvenes sigan vibrando acompañados de nosotros. Salvador Allende decía que “La revolución no pasa por la universidad, y esto hay que entenderlo, la revolución pasa por las grandes masas, la revolución la hacen los pueblos, la revolución la hacen, esencialmente, los trabajadores”. No desaprovechemos nuestro momento. Por ustedes, por mí y por todos ellos. El dos de octubre no debe olvidarse.

Para leer

Elena Poniatowska.(1999 ). La noche de Tlatelolco. México: Era.
José Agustín.(2012). El rock de la cárcel. México:Debolsillo
Álvaro Mutis.(1999 ). El diario de Lecumberri. México:Alamah

BLANCA VÁZQUEZ nació en el Distrito Federal, en 1973. Su vida ha transcurrido en el estado suriano de Guerrero. Estudió Literatura Hispanoamericana y es maestra en Estudios Socioterritoriales y doctorante de Literatura. Ha publicado Los letargos de Artume (La Tarántula Dormida); Ojos de lechuza (Rojo Siena) y El corazón en la mano (Editorial Fridaura). Imparte clases en la Universidad Autónoma de Guerrero. Email: itasavi1@hotmail.com

Ilustración | Pinterest
 

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