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CUENTO Círculos celestiales | Sara Montaño


Celeste lamió la sangre de su pulgar, mientras emitía el típico ronroneo que solía hacer en uno de sus juegos sexuales. Lulú aún sostenía el cuchillo con su mano derecha, observando poco a poco el cuerpo de ella desvanecerse, como un sueño que desaparece al abrir los ojos.
Todo había sido un sueño: el primer beso que le dio debajo del abrigo del único árbol de su casa, la primera vez que acarició su rostro y besó sus mejillas que sabían a lágrimas porque su padre siempre la estaba golpeando, o follando –o golpeando y follando recordando a su madre- Celeste le dijo que no era feliz, que no quería serlo y Lulú que sabía que la felicidad es un camino que se transita con los ojos cerrados la llevó a conocer el mar y ahí dentro del agua, Lulú entendió que el amor debía ser eso: el reflejo de Celeste dentro del agua y como sombra del cielo.
Cuando Celeste cumplió dieciocho años, su padre la golpeó tanto que tuvieron que llevarla a emergencias y estuvo en coma durante dos semanas. En ese transcurso, Lulú se cortó los brazos, tuvo una intoxicación por alcohol y también tuvo que ser llevada a urgencias. Cuando por fin estuvieron juntas planearon fugarse a otro país, y matar al padre de Celeste dándole de beber vino con veneno. Acto seguido, hicieron el amor y durmieron abrazadas en la cama de un motel que a ambas se les antojó el único lugar del universo que debía contener el secreto de la felicidad. Fue la primera vez después de mucho tiempo, que Lulú no tuvo la típica pesadilla sobre un hombre gordo viéndola desde el fondo del espejo.
El día de la fuga, Lulú se sentía tan feliz y fuera de sí, que se puso un zapato rojo y uno verde y Celeste rió tanto que no parecía que estuvieran a punto de cometer un asesinato. Como era un día especial, habían preparado pasta a la boloñesa y brindaron por el fin de la tristeza. Después de varios minutos, Lulú dijo que no se sentía bien: sentía náuseas, un fuerte dolor abdominal y todo a su alrededor giraba violentamente. Fue corriendo hacia el baño y vomitó sangre y bilis y aún peor, el hombre de sus pesadillas estaba ahí, mirándola fijamente con una ligera sonrisa en los labios. Empezó a tiritar y logró salir a rastras.
Celeste, no sé qué pasa. Celeste me siento muy mal, llama a emergencias, le dijo con apenas un hilo de voz. Pero Celeste no hizo nada, seguía estática sentada en la silla, con una mueca burlona y los ojos verdes desorbitados. Entonces Lulú entendió: Celeste, su Celeste la había traicionado ¡Nunca había querido deshacerse de su padre, sino de ella! En un acto lleno de furia, tomó el cuchillo de la mantequilla y se abalanzó sobre Celeste, comenzó a cortar y a penetrar todas las partes de su cuerpo. Celeste no se quejó ni opuso resistencia, solo emitía un silbido mientras su cuerpo se iba haciendo una simple lámina en el suelo.
Lulú lloró y maldijo su suerte, su vida, su falta de amor, esa constante ausencia a lo largo de sus años. Con sus últimas fuerzas, puso su dedo pulgar en los labios de Celeste y ambas se abrazaron por última vez. Al siguiente día, la madre de Juan es llamada por el director del centro psiquiátrico:
-Señora Julia- hemos encontrado a su hijo, lamento informarle que está muerto. Lo encontraron vestido de mujer y abrazando a los restos de una muñeca de plástico. Le dije que debía mantenerlo aquí hasta finalizar el año, hicimos todo lo que pudimos pero usted se negó a colaborar…
La señora Julia cuelga el teléfono en el preciso instante en que el padre de Juan, un hombre robusto y de aspecto tenebroso, entra a la habitación: esta vez sí es una niña, dice, sosteniendo a un bebé entre sus brazos.

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SARA MONTAÑO ESCOBAR (Loja-Ecuador, 1989). Licenciada en psicología general. Poemas publicados en revistas y fanzine nacionales e internacionales entre las que se destacan: el Humo (México), Cultura Colectiva (México), Círculo de poesía (México), el Periódico de las señoras (México), Lazine (Colombia), Alapalabra (Colombia), Extrañas Noches (Argentina), Digo palabra (Venezuela), Le miau Noir (España), La Fanzine (España) y Fuego (Ecuador). Relatos publicados en la revista impresa Kinkies (México) y en el libro cartonero Pasaporte (Dadaif Cartonera, 2017). Consta en las antologías Sensaciones oníricas (Municipio de Loja, 2017), Liberoamericanas-80 poetas contemporáneas (Liberoamérica, 2018), Exilio y otros desarraigos (Letralia, 2018). Colaboradora de la revista hispanoamericana Liberoamérica y de la revista el Humo. Publicó la plaquette Génesis de ausencia (Vis-k-cha, Loja-Ecuador, 2017). Blog: https://www.elcuartodelasemociones.blogspot.com


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