MISCELÁNEA Más de medio siglo sin el Dr. Atl | Redacción Bitácora de vuelos


  • Creador del "airopaisaje" y apasionado de volcanes nacientes o en erupción.

Pintor, escritor, geólogo, vulcanólogo, filósofo, crítico de arte y activista político, Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl (Guadalajara, Jalisco, 3 octubre 1875) murió el 15 de agosto de 1964, a la edad de 88 años.
      En torno a este personaje se han tejido infinidad de historias. Una de ellas refiere al embarco que realizó en el puerto de Veracruz con rumbo a Europa, siendo dicha travesía afectada por una fuerte tormenta, la cual causó ciertos estragos al barco, suceso que le provocó sentir cercanamente a la muerte; tras salir ileso, le asignaron el sobrenombre de Atl, que significa agua en náhuatl.
      El título de doctor se lo sugirió Leopoldo Lugones (Córdoba, 13 de junio de 1874-San Fernando, Buenos Aires, Argentina, 18 de febrero de 1938), esto por su doctorado en Filosofía; en opinión del escritor argentino, el sobronombre de Atl era muy simple y resultaría con mayor impacto denominarle Dr. Atl.
      De acuerdo con el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), otra de las incógnitas sin resolverse es la supuesta autoría sobre el diseño del telón de cristal elaborado por la casa Tiffany de Nueva York, esto para la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, la cual en alguna ocasión mencionó como propia.
      Murillo inició sus estudios de pintura en Guadalajara, a los 19 años; a los 21 se trasladó a la Ciudad de México para ingresar en la Escuela Nacional de Bellas Artes y un año después, el gobierno de Porfirio Díaz le otorgó una beca para estudiar en Europa. En la Universidad de Roma estudió filosofía y en La Sorbona de París, derecho penal.
      Entre su obra pictórica destaca la serie de estudios que realizó sobre los volcanes nacientes, como el Paricutín; incluso realizó tal indagación ante estructuras geológicas en plena erupción, sin amedrentarse por estar cerca de ellas ni temer por su salud al respirar los gases tóxicos; de hecho, continuó con esta actividad tras perder una pierna en una expedición. Su pasión era tanta, que creó el “aeropaisaje”, sobrevolando en helicóptero para pintar las incandescentes montañas.
      En 1956 recibió la Medalla Belisario Domínguez otorgada por el Senado de la República y dos años después se hizo acreedor al Premio Nacional de Bellas Artes.
      Realizó una vasta obra de caballete, retratos, autorretratos y paisajes (algunos de gran formato). El Museo Nacional de Arte del INBAL resguarda una colección de dibujos que donó a México.


Fotografía: Paricutín y sus lomas de arena (Google fotos)

Fuente NTX

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