MINIFICCIÓN

Algunas brevedades sobre el amor | Ricardo Alberto Bugarín

CUENTO

El doctor | Servando Clemens

POESÍA

El hombre primitivo | Ihovan Pineda

FOTOGRAFÍA

Las primeras fotografías eróticas de Félix Jacques Moulin y Auguste Belloc

MINIFICCIÓN

Cuatro historias breves | Varios autores

Dificultad es un review, la poesía de Ángeles Dimas en la colección Aire violeta


Dificultad es un review, libro de poemas de Ángeles Dimas pertenece a la colección "Aire violeta". Le agradezco su participación en este proyecto y también sus palabras al final de la entrevista, en la que además de las cosas maravillosas que opina sobre mi persona, comenta que se siente feliz de compartir con los miembros de la colección, un lugar en el universo.

Poesía: conjunción entre lo que quiero hacer y expresar

La poesía es la manera en que he estructurado la conjunción entre lo que quiero hacer y expresar, es la congruencia de mis actos. La poesía es una unidad expresiva que no se limita a la escritura de versos sino al conjunto de conexiones sinápticas que se establecen en el pensamiento de quien escribe, la red de enlaces simples o complejos que entre un concepto y otro, la enunciación de una palabra... La poesía es la utilidad que otorgamos a las imágenes dentro de una memoria colectiva con la que podemos identificarnos si no todos, sí una gran mayoría.

Mi abuelo me prestó su colección literaria a fin de que no estuviera ideando travesuras

Cuando era niña, viví con Julio Dimas Ramírez, catedrático del Instituto Tecnológico de Saltillo, era mi abuelo materno y tenía una gran biblioteca de enciclopedias, clásicos y libros de Historia Universal. Recuerdo que en casa había un pequeño televisor Sharp amarillo que pocas veces se encendía porque a don Julio le interesaba más la narración oral de un juego de béisbol en la radio y la música que solía componer en su imponente órgano. Como no había niños con quienes pudiera yo jugar y, a los 4 años cuesta mucho entretenerse, mi abuelo me prestó su colección literaria a fin de que no estuviera ideando travesuras. En un principio me costó trabajo entender el significado de ese gesto, ya que no sabía leer, pero mi primo Miguel, fue quien me enseñó a hacerlo y desde entonces comencé a cargar libros en mi bolsa, primero a modo de accesorio, luego con el afán de presumir lo que leía y finalmente por el mero gusto de tener dónde meter las narices cuando todos en la casa estaban ocupados. Mis padres, mi abuelo y algunos tíos fueron obsequiándome colecciones de cuentos de hadas, ediciones bellísimas de pasta negra y letras doradas... Posteriormente, mis primas Sadi y Fátima introdujeron títulos en mi cabeza, cosas que a ellas les encargaban leer cada cierto tiempo y terminaron heredándome algunos de sus ejemplares, fue de este modo que inicié mis lecturas y mi colección.

Las puertas del poema se abrieron para mí

Conocí el concepto de poema a los 9 años, es decir, antes de esto, no era consciente de que existiera un género literario con ese nombre. Me operaron de apendicitis aguda y estaba hospitalizada cuando recibí la carta de una de mis primas con un poema transcrito de José Marti, el famosísimo “Cultivo una rosa blanca”. Luego de eso, mi segundo acercamiento al poema fue a través de un novio al que le gustaba declamar, desconozco la razón de ello pero en algún momento mientras platicábamos por chat mencionó que le gustaban los poemas de Jaime Sabines y cuando cumplimos un mes juntos, me entregó una hoja con “Tu cuerpo está a mi lado...” y fue así como poco a poco Sabines y yo fuimos transitando juntos varios momentos de mi vida a partir de los 15 años. Por el mismo periodo de tiempo, Santiago, uno de mis mejores amigos se decía enamorado de mí y yo en un papel un tanto cruel le otorgué ciertas permisiones, entre ellas entregarme una de las cartas más creativas que he recibido y es que contenía varios fragmentos de poemas de Neruda, de Miguel Gaona, de Sabines, entre otros y al mismo tiempo elaboró una especie de collage de hojas de colores, situaciones que quería discutir conmigo y dibujos sobre un folleto de eventos que organizaba el entonces ICOCULT. Contemporáneo al enamoramiento de mi amigo, inició un taller literario con Mercedes Luna en la preparatoria a la que asistíamos y un chico de la escuela me obsequió un poemario de Miguel Gaona —sujeto previamente conocido por la carta en cuestión —y fue de este modo en que las puertas del poema se abrieron para mí. Creo que de no ser porque cada semana debíamos llevar un texto al taller para revisión, jamás me hubiera atrevido a escribir poemas y es que en una de esas —yo escribía sólo narrativa —me dio tanta flojera llevar un cuento que me lancé a escribir un muy mal poema sobre un hombre que obligaba a un niño a pedir limosna en una plaza. Este es el modo en que conocí la poesía.

Ya podía decirme “escritora”

Ver mis textos publicados por primera vez fue una sensación muy emotiva, es decir, ya podía decirme “escritora”. Publicar me dio la pauta para saber que lo que hago no es por mero hobbie sino que forma parte de un trabajo profesional y que más allá de una carrera universitaria, he invertido gran parte de mi tiempo en mis textos. No se trata de escribir por escribir ni de escribir para mí misma sino de crear una extensión sináptica de Ángeles Dimas hacia quien me lee.



Escribir a partir de dos obsesiones

Cada día de creación literaria es distinto, si bien, tengo mis rituales, éstos han sido modificados con base en el texto que pretendo escribir. Empieza el proceso con 2 obsesiones, la primera de ellas es que no puedo levantarme de la cama sin pensar un verso y la segunda es que debe haber una libreta en el buró porque tengo sueños muy extraños y tengo especial interés en recordarlos, de manera que si no escribo el verso que pensé antes de dejar la cama, por lo menos escribo puntos clave de mi sueño recientemente interrumpido.
         Otra de las cosas que hago todo el tiempo es llevar una libreta conmigo para anotar cosas sobre las personas con quienes me cruzo durante el día, anoto sus nombres, cómo lucen, lo que escuchan, lo que comen, sus gestos. Describo situaciones que me atrapan, la forma en que alguien pronuncia una palabra, cuento sílabas, dibujo, guardo entre sus hojas los tickets de compras o boletos de los eventos a los que voy... Después, al regreso a casa, preparo té de manzanilla, laurel o limón, canela o lavanda... leo un poema ajeno, si me gusta, comienzo a escribir, si no me gusta, continúo leyendo hasta encontrar uno que me guste. Reviso la libreta todo el tiempo, generalmente escribo cosas absolutamente desconectadas de los apuntes que hago, pero hay un punto clave en esas anotaciones que vuelven posible la función f(x) del poema con el que trabajo.
         Escribo en el comedor de mi casa o de casa de mi madre o en el suelo de mi habitación en ambos hogares. Anteriormente lo hacía a diario, dedicando 3 horas por día al oficio, pero actualmente le dedico 5 horas a la semana, debido a la enorme carga de trabajo hospitalario y más que eso, a la fatiga que éste genera.

Dificultad es un review

Dificultad es un review, nació llamándose Dificultad/es y es que los primeros 10 poemas que lo conforman, son parte de un trabajo “modular” que realicé en el Seminario de Literatura “Francisco José Amparán” a fin de adquirir mi permanencia en el mismo una vez terminado el módulo de “Introducción a la poesía lírica”. Si bien, había tomado antes diversos talleres de poesía, en esta ocasión me vi forzada primeramente a aprender sobre tradiciones poéticas, luego sobre rima y métrica, figuras retóricas, luego sobre tópicos literarios y todo ello con el fin de desarrollar al final 10 poemas utilizando todo lo aprendido a lo largo del curso. Antes de este reto, mis poemas estaban escritos en el llamado “verso blanco” y no me preocupaba ni era consciente de los recursos que utilizaba, lo más duro de este proceso fue ser consciente de que cada ingrediente en el poema tenía una razón de ser, es decir, aun y cuando las figuras retóricas existan desde siempre como formas de estructurar el pensamiento humano, yo tenía que otorgarles cierta funcionalidad, fonética o visual en mis textos y, luego de trabajar un poco a ciegas durante tanto tiempo, eso no fue fácil. En cuanto a los otros dos poemas, son en cierto modo un híbrido entre lo que buscaba hacer en Dificultad/es, un intento de escribir con métrica y también, en cierto modo ir marcando los acentos. Sé que todos estos conceptos pudieran sonar anticuados, quizás lo sean, pero son parte de un proceso que me faltaba realizar a nivel personal y el título, tiene mucho que ver con los problemas a los que me enfrenté en el proceso de desarrollar cada texto, apoyándome un poco en las anotaciones que realicé previamente en mi libreta y la manera de hilar cada partícula del poema... No estaba tan segura de querer recurrir a mi, llamémosle banco de ideas, pero entonces leía El monstruo ama su laberinto de Charles Simic y esa forma de desarrollar tan envidiablemente bien sus apuntes en cuaderno, me permitió asomarme un poco en la multiplicidad de cosas que en el mío habitaban. No hablo de Simic como una influencia directa porque no lo fue, pero digamos que Simic sólo mencionó el punto clave para que yo tuviera la curiosidad suficiente para explorarme en ese sentido.

Pulsiones creativas

Actualmente mi proyecto poético se resume en escribir poemas sueltos que tengan cierta carga de lenguaje técnico-médico porque una vez terminada la parte teórica de mi carrera como Médico General, fui —como lo he dicho en otras ocasiones —condenada a residir en un hospital durante éste y el próximo año, elegí entonces establecer un enlace entre mi profesión y mis pulsiones creativas. La carga fonética del lenguaje médico me atrae mucho, creo que se trata de palabras muy desapegadas y poco emocionales, sin embargo, me parece que hay cierta intersección que no he podido definir entre la descripción de los detalles en un cuerpo anatómica y fisiológicamente y el desarrollo de la emotividad a través del uso de esta terminología dentro del poema, no obstante, me enfrento al hecho de no encontrar aún la voz que me permita cumplir con este objetivo de forma satisfactoria a nivel personal.


ÁNGELES DIMAS (Saltillo, Coahuila, 2 de octubre de 1991). Médico interno de pregrado, egresada de la Facultad de Medicina Unidad Saltillo de la Universidad Autónoma de Coahuila. Ganadora del Premio de Poesía Joven “Manuel Múzquiz Blanco”. Ha publicado diversos textos en las revistas Luvina, El reporte, Bitácora de vuelos, La Negra Plata, Letrina, RRapala, Monolito, Factum, El humo y Alejandría. Publicó en la 3a Colección de Anzuelos de la SEC. Su obra aparece en las antologías En el cuerpo ajeno (2015), Un siglo de pura sombra: Memoria del Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea 2015 y en el Tercer Libro de Cuento Económico: Horacio Flores de la Peña (2015). Colaboradora de los proyectos “Antología virtual de poesía contra la violencia”, “Poetas mp3” y “La, literatura femenina visual y escrita” de Tres en Suma Editorial en Madrid, España. Ha formado parte de diversos talleres literarios desde el 2007, actualmente es miembro del Seminario Permanente de Formación Literaria “Francisco José Amparán”.

POESÍA La memoria | Judith Santopietro


Para los guerreros milenarios, para los pueblos de Oaxaca (2006)

A los maestros y familias en resistencia
esta noche oscura del 19 de junio de 2016

Era de noche por las orillas del viento,
cada paso de sombra
se arremolinaba en el junco,
cada palabra seca guardaba su silencio
en una jícara.

Aquellas aves palparon su mirada una a una
con el entrecejo adusto colgando de su frente,
para que sus ojos
(luz donde el llanto no cabe)
se hundieran en el pensamiento herido.

Anoche cayeron los siglos
como una granizada de plomo que acecha la tarde;
tocaron cada puerta de las calles;
abrían la memoria que duerme en una cama,
en la garganta del anciano
atada en el tronco
en la raíz terca del enfado.

La que por el camino anega
leyendas de humo
entibiadas en la dura lumbre del fogón,
la que nos despertará con la palabra inquieta
para decirnos que a la calle han vuelto,
que las aves siguen merodeando la plazuela
y no se casan,
y no olvidan.

Pero esta mañana,
veredas anchas por donde correr,
gritos que alcanzan cada trasto de miseria
en el borde de una mesa.

Ojos de la gente
urdimbre de la memoria
que teje con sus voces altas
los siglos de barro entre sus lenguas.

Esas aves cargan la historia en sus garras:
la del niño con su panza serpenteante de moscas,
la del viejo con su espalda quebrada,
la de áridos maíces en cada surco de la tierra.


II

En la plaza hay un tumulto
de máscaras antiguas
que se mecen por los resquicios del tiempo:
en las esquinas
se levanta la palabra junto a los muros de ladrillo seco
para colarse en la puerta de las chozas
y despertar
tras del vapuleo hondo.

Nidos en medio del cuerpo anegan sus vapores sordos
                                en la boca,
mal graznido de garganta quebrada,
alarido crudo entre las llamas de un horno
que deshila nuestros cuerpos:
todo trabazón de terquedad
mientras las aves rondan los huesos tendidos por la noche.

III

En el caudal del río,
las piernas se hunden con los guijarros de silencio;
miradas entre la neblina ciega de los árboles;
profundos labios de piedra anidan el musgo
y beben de la boca de los peces
un poco de sangre para no morir
en la curva de un reloj petrificado.

Busco los pasos de nuestra muerte
entre la polvareda,
pero hallo los huesos de un pueblo antiguo
que aún no duerme.

IV

Se han ido a la montaña
                                      (como guerreros)
para enterrar la memoria de un pueblo milenario.
Han caído,
con gotas de sol y sangre.


JUDITH SANTOPIETRO (México, 1983). Escritora e investigadora. Premio Nacional de Poesía Lázara Meldiú 2014. Ha publicado en el Anuario de Poesía Mexicana 2006, Fondo de Cultura Económica; Antología del Festival Latinoamericano de Poesía Ciudad de Nueva York, EE UU, 2014; y el libro Palabras de Agua, Conaculta, Ivec y Praxis, México, 2010. Ha participado en la XXX y XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería; III y IV Recital Chilango-Andaluz, México y Sevilla, España; Festival de Poesía Latinoamericana Rodante LATINALE, Berlín, Alemania, 2010 y 2015. Estudia el doctorado en Iberian and Latin American Literatures and Cultures, en literatura y cultura nahuatl, Universidad de Texas en Austin. Dirige Editorial Cartonera Iguanazul, un proyecto para revitalizar las lenguas indígenas entre las comunidades migrantes en la ciudad de Nueva York.

EDITORIALES Cuentos completos de Marcel Schwob


Toda la obra de ficción de Marcel Schwob se publicó en apenas cinco años –desde la aparición de Corazón doble (1891) a La cruzada de los niños (1896), si dejamos a un lado «La estrella de madera», escrito con gran esfuerzo durante la desconocida enfermedad que puso fin a su trabajo–. En pocas ocasiones una obra tan breve y escrita en un plazo de tiempo tan corto ha elevado a su autor al rango de escritor excepcional, original y único: Schwob inventa un género que no podía tener discípulos dada su singularidad y, con ese vaivén entre lo imaginario y lo erudito, entre lo novelesco y lo real, prepara el camino a lo que, avanzado el siglo XX, terminaría siendo el «realismo mágico».

Reconocida por autores como Mallarmé, Gide y Wilde, su obra, absolutamente personal, ejerció gran influencia entre los surrealistas, con André Breton a la cabeza, y sobre un amplio número de grandes autores: Faulkner, Tabucchi, Perec…; en lengua española, la semejanza estructural de la Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges y las Vidas imaginarias de Schwob sirve de muestra fehaciente de lo que el escritor argentino aseguraba: la existencia de pequeñas sociedades secretas de admiradores del autor de El libro de Monelle, entre los que no podía dejar de figurar Roberto Bolaño.

En este volumen se recogen, editados y traducidos por Mauro Armiño todos los libros de cuentos publicados por Schwob en vida –Corazón doble, El rey de la máscara de oro, Mimos, El libro de Monelle, Vidas imaginarias y La cruzada de los niños–, además de un conjunto de relatos que quedó disperso o inédito, en su mayoría prácticamente desconocidos. Una oportunidad para descubrir, por fin y por completo, una joya oculta de la literatura, un autor que no admite comparaciones ni tampoco imitadores. Un autor de sociedad secreta, fascinante y exquisito, Marcel Schwob.

784 páginas
Voces/ Literatura • 220
ISBN: 978-84-8393-194-3
22 x 14,5 cm.
Tapa dura. 33,65 / 35 €
Libro disponible en Páginas de espuma

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CRÓNICA El sabor de la muerte | Juan Villoro



El terremoto de magnitud 8,8 que devastó a Chile el 27 de febrero fue tan potente que modificó el eje de rotación de la Tierra. El día se redujo en 1,26 microsegundos. Desde la Estación Espacial Internacional, el astronauta japonés Soichi Noguchi fotografió la tragedia y mandó un mensaje: «Rezamos por ustedes».
       Los mexicanos tenemos un sismógrafo en el alma, al menos los que sobrevivimos al terremoto de 1985 en el DF. Si una lámpara se mueve, nos refugiamos en el quicio de una puerta. Esta intuición sirvió de poco el 27 de febrero. A las 3.34 de la madrugada, una sacudida me despertó en Santiago. Dormía en un séptimo piso; traté de ponerme en pie y caí al suelo. Fue ahí donde desperté. Hasta ese momento creía que me encontraba en mi casa y quería ir al cuarto de mi hija. Sentí alivio al recordar que ella estaba lejos.
       Durante dos minutos eternos el temblor tiró botellas, libros y la televisión. El edificio se cimbró y pude oír las grietas en las paredes. Pensé que nos desplomaríamos. Alguien gritó el nombre de su pareja ausente y buscó una mano invisible en los pliegues de la sábana. Otros hablaron a sus casas para contar segundo a segundo lo que estaba pasando. Imaginé el dolor que causaría esa noticia, pero también que mi familia dormía, con felicidad merecida. Me iba del mundo en una cama que no era la mía, pero ellos estaban a salvo. La angustia y la calma me parecieron lo mismo. Algo cayó del techo y sentí en la boca un regusto acre. Era polvo, el sabor de la muerte.
       Mientras más duraba el temblor, menos oportunidades tendríamos de salir de ahí. Los muebles se cubrieron de yeso. Una naranja rodó como animada por energía propia.
       Cuando el movimiento cesó, sobrevino una sensación de irrealidad. Me puse de pie, con el mareo de un marinero en tierra. No era normal estar vivo. El alma no regresaba al cuerpo. Los gritos que el edificio había sofocado con sus crujidos se volvieron audibles. Abrí la puerta y vi una nube espesa. Pensé que se trataba de humo y que el edificio se incendiaba. Era polvo. Sentí un ardor en la garganta. Volví al cuarto, abrí la caja fuerte donde estaban mis documentos, tomé mi computadora y perdí un tiempo precioso atándome los zapatos con doble nudo. Los obsesivos morimos así.
       En la escalera se compartían exclamaciones de asombro y espanto. Ya abajo, una conducta tribal nos hizo reunirnos por países. Los mexicanos repasamos cataclismos y supusimos que la ciudad estaría devastada. La acera de enfrente era un bloque de sombras, escuchamos ladridos distantes, los coches de los trasnochadores tocaban la bocina, había cristales en el suelo, pero la fachada de nuestro edificio permanecía intacta.
       En la explanada frente al hotel se alzaba la réplica de una estatua de la Isla de Pascua. Es la efigie de un Moai, jerarca que durante su mandato habrá visto maremotos. Se convirtió en nuestra figura tutelar. Supimos esto cuando se fue la luz y dejamos de verlo. Por suerte, el apagón duró poco. La piedra donde los ojos parecen hechos por el tiempo regresó de las sombras. No estábamos solos.
       Otra señal de tranquilidad vino del reino animal. Un perro se echó a dormir en medio de nosotros. Mientras no despertara, todo estaría bien.
       Alguien quiso regresar al edificio por sus «pantalones de la suerte». La superstición era la ciencia del momento. Nuestras ideas, si se las puede llamar así, no seguían un curso común. El editor Daniel Goldin, que estaba en muletas por un accidente previo, me propuso recorrer el edificio para ver si había daños estructurales. «¡Tú estás cojo y yo soy tonto!», exclamé. De nada servía que buscáramos lo que no podíamos encontrar, como un ciego y un sordo dibujados por Goya.
       Poco a poco, la realidad recuperó nitidez. Me sorprendió que tanta gente usara pijama. Pensaba que se trataba de una prenda en desuso. Un grupo de voluntarios volvimos al hotel por pantuflas. No podíamos revisar la estructura, pero podíamos evitar que se enfriaran los pies.
       La arquitectura chilena es una forma del milagro. Sólo esto explica que en Santiago los daños hayan sido menores. Aunque algunos edificios fueron desalojados y otros tendrán que ser demolidos (inmuebles posteriores a 1990, cuando las leyes de supervisión se hicieron menos estrictas), lo cierto es que la resistencia del paisaje urbano fue asombrosa. Un terremoto es una radiografía de la honestidad arquitectónica. En 1985, el terremoto de la Ciudad de México demostró que la especulación inmobiliaria y la amañada construcción de edificios eran más dañinas que los grados de Richter. «Con usura no hay casa de buena piedra», escribió Ezra Pound.
       Llama la atención que en un país con tanta sapiencia antisísmica el aeropuerto padeciera graves lastimaduras. El cierre de vuelos contribuyó al aftershock. Nuestra vida se había detenido y no sabíamos cuándo comenzaría nuestra sobrevida. Estábamos en el limbo o en un episodio de la serie Lost.

Pillaje y rating

El discurso de los noticieros se caracterizó por el tremendismo y la dispersión: desgracias aisladas, sin articulación de conjunto. Las imágenes de derrumbes eran relevadas por escenas de pillaje. No había evaluaciones ni sentido de la consecuencia. Unos tipos fueron sorprendidos robando un televisor de pantalla plana extragrande. Obviamente no se trataba de un objeto de primera necesidad. ¿Era un caso solitario? ¿El crimen organizado se apoderaba de electrodomésticos? Los rumores sustituyeron a las noticias. Se mencionó a un pueblo que temía ser invadido por otro. El relato fragmentario de los medios mostraba rencillas de tribus y repetía las declaraciones de una gobernadora que pedía que el ejército usara sus armas.
       Algunos amigos chilenos creen que además de la morbosa búsqueda de rating, los noticieros pretenden crear un clima de confrontación antes de que Michelle Bachelet abandone el poder. El sismo llegó como un último desafío para la presidenta que tiene el 80 por ciento de aprobación y como una amarga encomienda para su sucesor, el empresario Sebastián Piñera, que había prometido expansión y desarrollo al estilo Disney World y ahora tendrá que proceder con el cuidado de los restauradores y anticuarios. Si el ejército comete un error en los días de toque de queda, o si se produce una confrontación, la sucesión presidencial sería menos tersa, se podrían hacer acusaciones sobre el origen de la violencia y se regresaría al divisionismo y la crispación que durante años dominaron la sociedad chilena. Las réplicas más fuertes del sismo ocurrirán en la política chilena.
       En Santiago, la suspensión de vuelos y la ocasional falta de teléfonos, Internet, suministro de electricidad y agua fueron las señas visibles de la catástrofe. Esto nos dejó la sensación de estar en un reality show al revés. Nuestra vida parecía transcurrir en la realidad controlada de un estudio de televisión, mientras las cámaras retrataban una realidad salvaje al sur de Chile. Los supermercados asaltados eran el rostro dramático de un país donde la gente tenía hambre y las filas para cargar gasolina en los barrios ricos de Santiago eran su rostro hipocondríaco. El terremoto ha sido el segundo más fuerte en la historia de Chile. La isla Robinson Crusoe naufragó como el personaje que le dio su nombre. El tsunami dejó miles de desaparecidos y sepultados en el lodo. Los rescatistas chilenos que estuvieron en Haití comentan que será mucho más difícil sacar cuerpos de construcciones de concreto, encapsulados en el lodo endurecido después del tsunami.
       Aún hay mucha gente atrapada en la zona de Concepción. Como tantas veces, los periodistas han llegado al desastre antes que las personas que deben aliviarlo, y como siempre, los más afectados son los que habían padecido antes el cataclismo de la pobreza.
       Dos días después del terremoto fui a una casa en las afueras de Santiago, con piscina y jardines, uno de esos espacios latinoamericanos que muestran que Miami puede estar donde sea. Había que hacer un esfuerzo para recordar que el escenario pertenecía al país arrasado por el terremoto.
       En su duplicidad, la cifra 8,8 adquiere carga simbólica: los gemelos del miedo, el diablo ante el espejo o, sencillamente, lo que somos y lo que podemos dejar de ser. Una falla invisible decide el juego, nuestra residencia en la Tierra.

Texto publicado por La Nación de Argentina el 6 de marzo de 2010
 
Tomado de Antología de crónica latinoamericana actual. Editor: Darío Jaramillo Agudelo (2012).



Juan Villoro (Ciudad de México, 24 de septiembre de 1956) es un escritor y periodista mexicano, Premio Herralde 2004 por su novela El testigo.


ACERCAMIENTOS El continuum de las “Cosas amadas” (Leyendo El hombre y su piedra de Cristián Cayupán) | Eugenia Toledo Renner


La poesía es tan vieja como la vida en el planeta. Los poemas se han tejido con la historia de la humanidad; por ello los encontramos desde sus raíces. En cuanto nace el lenguaje, nace la poesía. Generaciones y generaciones de poetas han hecho descubrimientos, creado o inventado nuevas formas de expresión poética hasta llegar a nosotros. La humanidad puede trazar poemas desde los orígenes de sus culturas. En casi cinco mil lenguas, la gente ha usado poemas para expresar quiénes son, en qué creen, qué han hecho y qué se siente al estar vivo. La poesía nunca ha sido estática, siempre en movimiento, movimiento interior y exterior, tratando de evidenciar la luz y la sombra, la libertad, la historia, lo concreto y lo filosófico. En resumen, lo humano y lo bueno que se obtiene de “la continuidad de las cosas queridas”, como nos dice Cristián Cayupán, joven poeta de nuestra región de la Araucanía (Puerto Saavedra, 1985) que presentamos aquí.

Desde este contexto Cristián Cayupán ha construido en sus libros Tratado de piedras (2014, Editorial Conunhueno), Terruño (2015, Mapu ñuke Ediciones) y ahora El hombre y su piedra (2016, Ediciones Inubilistas) una estructura que obliga al lector a observar la secuencia del mensaje, incorporándolo a postulaciones ontológicas, metafísicas, antropológicas y míticas. Se reconoce en sus textos la preeminencia de este factor mensaje que caracteriza la función poética en su caso.

El hombre y su piedra es un texto que resiste varias lecturas. Junto a sus otros libros, ya mencionados, está la lectura con el temple de ánimo del hablante lírico que se expande desde la experiencia personal del poeta hacia una expresión cosmogónica, relacionada con su identidad mapuche, y finalmente, para llegar, a la altura de una postura de intención totalizadora o universal que nos transporta, a su vez, a una vuelta al lenguaje primigenio, al lenguaje común, comunitario. El poeta vuelve los ojos hacia la comunicación ancestral y a un deseo intenso de modos de comportamiento ancestral para vivir satisfactoriamente.


En un país carente de una integración y convivencia entre sus partes multiculturales esta propuesta de una vuelta a la sabiduría “filogenética” (también llamada “el concepto continuum” en la antropología social). Creo que en Cayupán este instinto poético es real en su poesía y en el lenguaje referencial que usa a través del cual trata de reivindicar el continuum o la persistencia de las cosas amadas que ya mencionamos[1]. Estas cosas se repiten en el tiempo o deben repetirse, aunque sea en forma distinta, para salvarnos de las sociedades disfuncionales y los tiempos “distópicos” que vivimos.

Se añora y se postula en sus textos una reflexión sobre estilos de vida (por ejemplo, el de su pueblo mapuche y otras culturas y lenguas), porque la evolución de la humanidad nos ha apartado de ellos, destruyendo además el orden natural y sustentable de la tierra. Pero la ciencia o la evolución no solo han logrado esto último, sino que también han destruido el sentido común, la comunicación, la convivencia que había guiado desde antaño el comportamiento prístino de los hombres. Las alteraciones producidas por la historia han destruido de raíz las culturas ancestrales o las “han borrado”. A esa trascendencia se refiere el poeta cuando nos dice: “Hay algo que nos hace humanos / no la muerte ni los sentidos sino el lenguaje / ese tratado que desentrañó la gente de antaño” (Alguien atraviesa las puertas de antaño); “Removimos las cenizas de tiempo / y desenterramos un lenguaje olvidado / ese pan sin levadura que ya nadie quiere comer” (Lenguas desahuciadas); “…porque pertenecen a una era anterior a todas las eras / que el hombre pueda conocer” (Epitafio de la sal).

Varios autores nos han proporcionado reflexiones que investigan las cosmogonías de las civilizaciones, algunos de ellos citados por nuestro autor y que vale la pena mencionar, porque nos proporcionan aspectos comunes a la poesía de Cayupán. Nos referimos a Octavio Paz, Gastón Bachelard, Mircea Eliade, el poeta chileno Efraín Barquero y el Prof. Rafael Echeverría citado con su obra Ontología del lenguaje.

Para una interpretación crítica se nos hace útil mencionar, a nivel lingüístico, ciertos polos de referencias en sus poemas, alrededor de los cuales el poeta arma el esqueleto y formula el mensaje temático de El hombre y su piedra. La imaginería de Cristián Cayupán se va desarrollando en torno al contexto de 34 poemas y dos “prosemas”. Los elementos de significado que nos han atraído como más relevantes son los siguientes: Lenguaje (o lenguas): usado alrededor de 38 veces; Piedra, con sus variantes: roca, cantera pétrea, usado 25 veces; Luz: que es reforzado por la secuencia verbal de iluminar, encender, encandilar, alumbrar, que aparece 20 veces; El mito de la casa y sus componentes: puerta, umbral, lámpara, pieza, habitación, mencionado 12 veces; y varios otros como: ser íntimo, convivencia, ancestros, lo humano. Finalmente, aparecen en lugar destacado hombre y mujer entre otros. El término mujer destaca en los poemas “Mujer de la tierra”, “Composición de mujer”, “La vasija de la vida” y “Mujer y hombre, su esencia, su destino”.


Cristián Cayupán inicia su libro con el mito de “El árbol de la vida”, título del primer poema. El árbol de la vida nos dice es camino y está fundado en la raíz del vocablo. El hombre debe saber “que el árbol que buscamos cada día está en nosotros / en lo más íntimo del ser”. Este árbol es la memoria y la historia. Además, apunta al universo, a lo alto. Se sujeta en la tierra y asegura sus raíces en la piedra. Y ¿qué es la piedra? El poeta la define: “El mundo es una sola piedra girando alrededor del hombre”. De lejos la piedra y el hombre se confunden, dice Cayupán, y ambos “fueron nombrados con el mismo respeto / con que fue esculpido el lenguaje ancestral”.

En el arte pre-hispánico se le otorga una dimensión trascendental a la noción de piedra. La piedra es un símbolo en la cosmogonía del pueblo mapuche y también es parte de su vida diaria. Sus referentes más conocidos son el símbolo cultural en el “toquicura”, el sitio de la piedra violada en la comunidad Chilko ko por una forestal chilena y la piedra Manquian que conocemos en nuestra zona.

Pero probablemente el monolito más antiguo conocido es la Piedra del Sol que representa la compleja cosmogonía azteca junto a las piedras del sacrificio y otras. La piedra es el símbolo de lo empírico. También nos conecta con el cuento del mexicano Carlos Fuentes llamado “Chac mool”. Todos son mitos que establecen que la piedra es lo primero y lo último, lo que queda, lo que permanece, mientras todo lo demás se desgasta, la piedra sufre transformaciones. Sujeta a las leyes naturales, el hombre proviene de ella y se refugia en su seno: “Cuando comenzó a decir la última palabra de su vida / el mundo también declinó / Sepúltenme en la piedra -dijo- y ella en mí” (El hombre y su piedra).

Inmediatamente a la vuelta de la página, el tercer poema del libro nos abre una puerta y descubrimos que desde el centro de la tierra algo alumbra como una “piedra desnuda” del “tamaño de una sombra femenina”. Dedicado este poema a Ana Ñanculef Carilao, el poeta expresa que esa luz que se busca se ve solo a través de la mujer que ilumina desde el centro de la tierra y a través de ella. Es vientre, vasija o lugar desde donde hombre y mujer perpetúan la especie. La luz es dadora, es generosa y gracias a ella - la que ha dado a luz - según se lee al final del poema, se restaura la comunión necesaria en la mesa fraterna de la concordia que busca el poeta: “Una mano verdadera es cuando te la estrecha una mujer de la tierra / con esa suavidad humana que solo el hombre reconoce / porque no somos sino el pan de un mismo grano ancestral / escritos en el canto de una mesa fraterna” (Mujer de la tierra).

Hombre y mujer son uno, de la misma materia, tal como la piedra y la casa que construye el poeta (el albañil), lugar donde van a encontrar “los orígenes del ser” y donde “el tiempo reconstruye sus muros / haciéndola cada vez más profunda”. Y desde allí el pasado revive, porque el pasado es la memoria del ser humano, todos estos son los fundamentos de la nueva casa (La casa en la roca).

Y sigue el poeta: desde el edificio de la casa (y la lámpara) hombre y mujer se constituyen en hacedores del lenguaje. Son harina y agua. Traen el lenguaje de vuelta desde el pasado, aquellos rescoldos del tiempo, en forma de recuerdos “como un lenguaje salido de un árbol humano” y también lo reconocen en el fuego sagrado, “como si cada palabra fuera un leño resignado” (Fuego sagrado).

De esta manera se va reconstruyendo el lenguaje. El poeta ha aprehendido la palabra, porque esta alumbra y alimenta. No seguirá las huellas de la tecnología ni la ciencia ya que quiere volver a lo Humano, a sus ancestros y a la piedra primogénita. A la casa y la mesa del padre: “Quiero conocer a mis antiguos /…/ ¿quién es aquella persona que nombra las cosas / con una sola palabra dibujada en sus labios / para hacer que perdure el lenguaje? / ¿Qué busca en el fondo de esa piedra / sino el origen de esos genes? / porque cada vez quiero conocer aún más / el rostro de mis antepasados” (Algo que me incita a volver).

Finalmente, acercándose a los pensamientos de Rafael Echeverría, el poeta en su búsqueda filosófica y ontológica sabe que el drama de la sociedad moderna o su gran tragedia ha sido la pérdida de lo humano por el poder. Frente a este postulado, Cayupán señala que el poeta no es un mago, ni es el héroe occidental Prometeo, sino el que sabe desenterrar, como un antropólogo, el necesario lenguaje ancestral. Puede despertar las fuerzas secretas de un lenguaje prístino y ancestral a través de la poesía y sus recursos, imágenes, metáforas y mitos, porque el nombrar es nueva creación. Creación o recreación de lo ancestral. Y porque sabe que cada palabra conlleva la pregunta sobre el ser del hombre y su identidad, quizá la pregunta más esencial de la historia. Todo hunde sus muros en el lenguaje, la filosofía, la tecnología, las estructuras sociales, los comportamientos, las artes, las creencias, etc.; es decir, todo lo que constituye la cultura[2]. “Algo se ha perdido para siempre en su interior / al no dignarse a encontrarlo inventó las palabras / para transmitir su dolor / a sus descendientes /…/ Desde entonces mira a sus adentros / a través del cerrojo que hay en él / porque siente que algo encontrará / de ese pasado que no logra reparar” (El umbral del hombre).

En síntesis, El hombre y su piedra es una explicación del mundo y de una poética más humana, postulada por el poeta desde el inicio del texto. “Con el tiempo mujer y hombre / encarnaron en la palabra adecuada / y esa palabra se hizo tierra” (Mujer y hombre, su esencia, su destino); y también la extendieron sobre la mesa de su hogar, la humilde mesa donde cupo “la palabra humana” donde entendieron “el mensaje del abuelo” y donde el poeta termina la última página de su poema proyectándose hacia el próximo canto. . . porque lo que el tiempo busca en uno es la continuidad de las cosas amadas (La última página).

Nuestra vida entonces se da para quienes están o viven con nosotros. Este es el secreto de la vida, ir a la búsqueda del ancestro como dijo Octavio Paz para llegar al convencimiento de que somos semillas precarias, elementales, para nutrirnos a nosotros mismos a través de nuestro prójimo. Tal mundo propuesto no es sólo imitación, sino concepción de ese mundo.
 Junio, 2016.



[1] El Continuum de un individuo es global, en el sentido de que forma parte del Continuum de su familia, que a su vez es parte del Continuum de su clan, y el de la especie, y el Continuum de las especies humanas forma parte del Continuum de la vida sobre la tierra. El Continuum puede definirse también como la secuencia de experiencias que se da a través de nuestro comportamiento o que guía nuestra conducta, y que se ha socavado a través de los siglos. Una de estas experiencias es la experiencia del lenguaje. (Jean Liedlof: “El concepto de Continuum, en busca del bienestar perdido”).
[2] La obra Ontología del lenguaje presenta tres postulados básicos que son: a) los seres humanos son seres lingüísticos, b) el lenguaje es generativo y c) los seres humanos se crean así mismos en el lenguaje y a su vez éste interviene en la creación del futuro, modelando nuestra identidad (Lourdes Margarita Gómez Montilla: Análisis del texto Ontología del lenguaje de R. Echeverría, www.slideshare.net)


EUGENIA TOLEDO RENNER. Doctora. Free Lance Writer.

LETRONAUTA París se inunda. ¡Niños y obras de arte primero! | Wilberto Palomares


El domingo 5 de junio Francia declaró desastre natural en gran parte de su territorio.

Días antes, los noticieros alrededor del mundo comenzaron a hablar de la incesante lluvia, las advertencias de tormentas eléctricas y que el río Sena (ese que parte a la Ciudad Luz en dos) empezaba a subir de nivel, pero nada de qué preocuparse.

Como toda catástrofe, no la vieron hasta que fue inevitable.

Una reportera enfundada en una gabardina amarilla que se recortaba contra las nubes negras, empapada de pies a cabeza decía que el cauce del Sena había llegado a su límite y en cualquier momento se desbordaría.

El museo del Louvre, famoso en todo el mundo por resguardar una de las obras artísticas más importantes, La Mona Lisa de Leonardo da Vinci, como medida preventiva declaraba el cierre de sus puertas, mientras sus empleados organizados en cuadrillas corrían de un lado a otro transportando las obras a los niveles superiores del edificio.

En total, cerca de 35, 000 obras artísticas fueron evacuadas.


Detrás de la reportera amarilla, un hombre con un cartel blanco “Paris est inondé. Les enfants et les oeuvres d"art d'abord” (París se inunda, niños y obras de arte primero). Ella no se dio cuenta, siguió con su reportaje. Él siguió la ruta de los evacuados, dos niños y una mujer cansada detrás.

Nosotros no nos dimos cuenta que junto con el Louvre también se inundaban granjas, departamentos, comercios, hogares, edificios gubernamentales, que se evacuaron a más de 20, 000 personas, que las tierras bajas fueron desalojadas para evitar que la tragedia les cayera encima.

No nos dimos cuenta que la declaración de emergencia iba más allá de preservar los cuadros y esculturas del Louvre. Y parece que París tampoco.

Al gobierno francés le pasó lo que le pasa a una familia cualquiera cuando se incendia su casa, cada quien salva lo que más ama: el padre toma las llaves del auto, la madre corre por los álbumes de fotos, el hijo toma su trofeo de fútbol y la hija su diario… Francia corrió por la Mona Lisa.

Y quizá hizo bien. De haberse perdido la obra maestra de Leonardo da Vinci, el gobierno francés sería objeto de burlas y reclamos internacionales.

El mundo no estaba preocupado por los miles de franceses desplazados, los cientos de casas inundadas, las decenas de autos arrastrados por las fuertes corrientes que convertían cada calle en un río. No. El mundo tenía algo más importante de qué preocuparse. El mundo contenía la respiración por la Mona Lisa.


El miércoles 8 de junio Francia declaró que la emergencia había terminado y que el museo del Louvre reabría sus puertas.

El saldo, 19 muertos, más de 20,000 personas evacuadas, 782 ciudades y pueblos afectados, las peores inundaciones en los últimos treinta años... Pero no nos dimos cuenta, estábamos ocupados aplaudiendo al gobierno francés su pronta respuesta ante semejante calamidad, su actuar heroico: La Mona Lisa, seca y salva.


WILBERTO PALOMARES. Autor del libro Supervisor de nubes, publicado en febrero de 2015 por el CONACULTA. Finalista del concurso de poesía "Vientos de octubre" en España en el año 2011. Egresado del taller de creación literaria "Cuentos" impartido por el reconocido escritor y compositor Armando Vega-Gil y del taller "D Generación Literaria" impartido por Agustín Benítez Ochoa. Dramaturgo de los unipersonales “Dijo que se quedaría... y le creí” y “Loca de amor”. Autor de al menos 70 cuentos y tres novelas. Actualmente trabaja en su cuarta novela La noche de los girasoles y en la antología poética De vaqueros, trenes y poetas.

CUENTO Las huellas en la luna | Mariano Atzin Nieto Silva (Atzin Capote)


Para Ludaís, ahora y siempre.

Fuimos a la Luna a divertirnos, pero resultó ser una porquería.
Gravedad Artificial
M.T. Anderson

Ahora, escuchemos con atención las palabras de nuestro primer hombre en pisar la luna:
«Voy a bajar del módulo lunar, repito, voy a bajar del módulo lunar...»

20 de julio de 1969
-¡Tranquila! Espera, espera, utiliza sólo la lengua y no los dientes porque esa parte es muy sensible y me duele.
-Momeagadesthalacabezha…
-No te entiendo, mujer. ¿Qué no sabes que es de mala educación hablar con la boca llena? Mejor sigue y no te detengas. Vuelve a pasar la lengua. Anda. Se siente d-e-l-i-c-i-o-s-o.
-¡Iván! No me agarres la cabeza. ¡Por Dios! Esto me resulta en verdad difícil. No imaginaba que se pondría tan grade.
-¡Shh! Tú me lo prometiste, ¿recuerdas? He estado esperado por más de veinte años a que llegara por fin este momento.
- Sólo hazme un favor y avísame cuando estés por terminar. No pienso tragarme nada… ¿Entendiste?
-Lo intentaré, amor, aunque esto es maravilloso. Me siento como en la luna.
«Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad.»

20 de julio de 1969
Hoy, es el tan esperado día, la misión norteamericana colocará a sus primeros hombres en la Luna. A las 9:32 de la mañana, hora local, el enorme cohete se elevará sobre el cielo de Florida y aproximadamente doce minutos después la nave por fin entrará en órbita. La tripulación del Apolo XI está conformada por el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años, el piloto del LEM, y por último Michael Collins, de 38 años, piloto del módulo de mando. Tendrían que pasar ocho años de un duro y constante trabajo antes de que la NASA pudiera cumplir de manera satisfactoria su más grande proyecto; poner un hombre en la Luna con el vuelo del Apolo XI. El suceso histórico se retransmitirá a todo el planeta desde las instalaciones del Observatorio Parkes (Australia). Para los millones de televidentes que podrán ser testigos del mejor y más grande acontecimiento de todo el siglo XX. La aventura comenzó en aquel febrero de 1966, utilizando las investigaciones y experiencias arrojadas por misiones anteriores, nació el ambicioso proyecto espacial Apolo, con el único objetivo de llevar al hombre a la Luna. Podría decirse que la idea surgió el 25 de Mayo de 1961, cuando el Presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy anunció su intención de poder enviar astronautas al maravilloso satélite antes de que finalizase la década. Esto sucedió tres semanas después de que el astronauta Alan Shepard se convirtiese en el primer americano en viajar al espacio…
«¡Buena suerte, Señor Gorsky!»

20 de julio de 1940
-¿Estás loco? Ni lo pienses. ¿Cómo crees que yo podría…? ¡Enserio! No sé cómo, ni por qué, ni desde cuándo fue que esa loca idea se te metió en la cabeza. De seguro, por andar comprando esa revista fea que trae el dichoso conejito. No creas que no me he dado cuenta.
-Anda, amor. Tú dijiste que en mi cumpleaños podría pedirte lo que quisiera. Yo quiero eso.
-Por supuesto que sí, pero no me pidas que haga tal cosa. Una mujer como yo no puede, ni debe rebajarse a semejante acto. ¿Qué diría mi madre? Ella que luchó al lado de mi padre en la revolución Rusa, y vivió el terror de Lenin en carne propia.
-Pero, cariño, nadie se va a enterar.
-Ya te dije que no, y es no. No insista señor Iván Vladimir Gorsky esa es mi última respuesta. Solo me dignaré a hacerte sexo oral el día que el hijo del vecino camine por la luna.
-¿Lo dices en serio?
-Lo juro por mi santa madre.



MARIANO ATZIN NIETO SILVA (Atzin Capote). Ciudad de México, 1991. Estudiante de octavo semestre de la carrera de Lengua y Letras Hispánicas en la UNAM. Desde enero del 2015 ha publicado algunos cuentos en distintas revistas electrónicas de la República Mexicana, como: Lepisma, Primera Página, Paulo, Fatum, Vómito de Letras, Morbífica, Clarimonda, Páginas Finales y Callejero. En el 2016 impartió una conferencia en la XXXVII Feria Internacional del libro del Palacio de Minería acerca de “El alma de los libro clubes, el amor por la lectura y la comunidad”. Actualmente es colaborador externo en Agencia Noticias 22.

Ilustración de libre dominio

POESÍA Me dueles suave patria | José Cháirez

Alejandro García Restrepo

Poema traducido al dialecto Tseltal y al Italiano. Es un homenaje a los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, el cual fue leído en Venecia Italia el año pasado por la poeta Silvia Favaretto. Nota del autor.

Suave patria, te cantó Velarde
heredera del establo escriturado a tu nombre
cama de maíz dorado, azul, verde o morado
que ha sido saqueado y también genéticamente
modificado.
Cuerno de la abundancia contundente para el estado
tan saqueado por las huestes de ambiciosas gentes
políticos, empresarios y extranjeros malintencionados,
Suave patria que Velarde entregó al pueblo
para bien y no como Santa Ana.
Siete décadas no bastaron para los actos de rapiña
te amputaron y vendieron parte de nuestra carne
y ahora entregan al extranjero la sangre negra
que fluye por las venas de mi patria casi extranjera
pues vendieron nuestras arenas y manglares.
Acaban con el pueblo en nombre de la justicia y la libertad
libertad que nos coartan, con la tv, con la radio, en la calle
y en las redes.
Dicen que se están acabando los pobres en el país
los están enterrando, los dejan en los basureros
en trozos por las calles, desollados o calcinados
negando a sus deudos en donde depositar
una ofrenda, un cempoal, un altar.
Me dueles Suave Patria de Velarde
duelen los muertos del 68 y sus deudos
dueles Chenalhó
duelen los muertos de San Fernando
duele Aguas blancas, duele Tlatlaya.
Me dueles Ayotzinapa, cuarenta y tres voces acalladas
cuarenta y tres voces que unieron al pueblo.
Detonantes de la insurgencia contemporánea
exigiendo justicia, exigiendo sus derechos ancestrales.
Ni una pira logrará doblegar la sed de justicia
México, fosa clandestina para el pueblo,
fosa clandestina de sus gobernantes.


K’UX KAIYAT LEKIL JLUMAL

Lekiljlumal, ya jk’ayojinbeyat
abilatjilel te a lumaltsibabiljileltabi’il
wayibalyu’unts’aamixim, ik’, yax ö ijk’ sukan
telok’esbilbaelsokleknaxk’ajtatesbilix.
nojelnaxtalekilaltajmel te jlumtike
ch’ojtalambillok’elyu’un te jkananetikeyu’unmuk’ulajwaliltsakmañoetike
tejpask’opetike, yajwalyu’unmuk’ulchombajeletiksokyanlumetikixlanwanejetik
lekiljlumal te winik la yak entregal te jlumale
yu’untalekilal y majja’chikuktutjme’tikanae.
Lajunxchanwinikjabilmateyub-a yu’un x-elk’ajlan
La xat’elatsok la xchonikolwok’ te jchu’tike
Ts’in orto ja’ ya yabeyik te jyanlumetike te Ijk’al ch’ich’e
Te xbe’entaxch’ich’eljlumaljyanlumixtaalelek’a
Yu’un la xchonik te ji’tikesok te ja’etike.
Ya slajinik te jlumaltiketaskuentailyu’unkoltayelsokyu’unjkoleltik
Kolel te ya slajinotik, soklechechetak’in,  sokayejtak’in, tabej
soktachinamtak’in
Ya yalikyu’un la yipalatalajel te meba’ jente  liba jlumaltike
Yipaliktasmukel, ya la xchojtalanikjileltachayibk’apal
Ta jujunwoltabe’etik, tuytalanbil .o chiktalanbil
Ma x-altalanbotba  te sme’statikeba ya yabeyik
Smajtan,skumpiral. O xnichimal.
k’uxkaiyatjlumal
k’ux te jchameletikyu’unwaxakebxchanwinikjabilesok te sme’statike
k’uxat Chenalhó
k’uxlan te jchameletik te yu’unjtatsanfernandoe
kuxatsakilja’, k’uxattlatlaya
k’uxatayotzinapa,oxebyoxwinikti’ilch’anajtik
oxebyoxwinikti’il a stsobtejlumaltike
xchininetnax te skoplale te kuxlejal orto
k’anulantikyu’unxchapot, sk’anulanikyu’un te slumike
mayukmach’a ya skombey te stak’inalyo’tanyu’unchapel
mexico, nak’alslumilyu’unjlumaltik
nak’alslumilyu’unmuk’ulajwalil.

TRADUCTOR: SANTIAGO PÉREZ LÓPEZ
LENGUA INDÍGENA TSELTAL.
VARIANTE DE AMATENANGO DEL VALLE CHIAPAS.

MI FAI MALE DOLCE PATRIA

Dolce patria, ti ha cantato Velarde
erede della stalla identificata col tuo nome
letto di mais dorato, blu, verde o viola
che è stato saccheggiato e anche geneticamente
modificato
Corno dell’abbondanza contundente per lo stato
talmente saccheggiato dagli eserciti di gente ambiziosa
politici, impresari e stranieri malintenzionati
Dolce patria che Velarde ha affidato al popolo
a buon fine e non come Santa Ana.
Sette decenni non sono bastati per le zioni rapaci
ti hanno amputato e hanno venduto parte della nostra carne
e ora consegnano allo straniero il sangue nero
che fuisce nelle vene della mia patria quasi straniera
perchè hanno venduto le nostre spiagge e le mangrovie.
Fanno fuori il popolo in nome della giustizia e della libertà
libertà che ci limitano, con la televisione, con la radio, nella strada
e nelle reti.
Dicono che non ci siano più poveri nel paese
li stanno seppellendo, li lsciano nelle discariche
a pezzi per le strade, scuoiati o bruciati negando
ai loro congiunti dove depositare
un’offerta, un fiore, un altare.
Mi fai male Dolce Patria di Velarde
mi fanno male i morti del 68 e i loro congiunti
fai male Chenalhó
fanno male i morti di San Fernando
fa male Aguas blancas, fa male Tlatlaya
Mi fai male Ayotzinapa, quaranta tre voci zittite
quaranta tre voci che hanno unito il popolo
micce dell’insorgenza contemporanea
che chiedono giustizi, che chiedono i loro diritti ancestrali.
Neanche un falò riucirà a piegare la sete di giustizia
Messico, fossa clandestina per il popolo,
fossa clandestina di chi la governa.


TRADUCCIÓN: SILVIA FAVARETTO
POETA Y EDITORA ITALIANA
POEMA LEÍDO EN VENECIA ITALIA, EN HONOR DE LOS 43 DESAPARECIDOS DE AYOTZINAPA


JOSÉ CHÁIREZ (Torreón, Coahuila, México). Asistió al taller literario de Saúl Rosales en el Teatro Isauro Martínez. Ha publicado en la revista Estepa del Nazas, en el fanzine del grupo Nit y en el periódico Sin Censura. Poemas suyos aparecieron en el libro colectivo Las lenguas dementes. También publicó poemas en el libro Tesgüino, editado por la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. Es autor del libro de poemas Restos áridos (2013). Publica en la página de Voces buitres y otros graznidos algunos poemas traducidos a la lengua Tseltal y en español. Algunos de sus textos fueron compilados en el libro Palabras vivas, voces y cuentos indígenas en la Laguna (2015) por el Ing. Fabián García Espinoza, edición bilingüe Español y lengua Indígena, editado por la UAAAN.

POESÍA Al hijo desaparecido | Antonio Rubio Reyes

Kiana Mosley

La persona que amas puede desaparecer
Charly García

No tiene sentido cerrar los ojos después de muerto

caen como lluvia las flores que vestían
al poeta que andaba lanzando versos
desde el olvido y el exilio: ahora no escribe
más libros y su nombre carga cierto estigma

me he dedicado a marcar las banquetas
y los muros del baño público en busca
de la salvación de tu memoria

¿acaso lloverán también nubes y ocasos
en las calles durante el resto del año?

¿y si tu mano, hijo, se soltara de mi mano
para sostener la gota nube de una flor?
¿y si tu cuerpo que es mi cuerpo
diera la espalda al mundo?

quizá no tenga sentido cerrar los ojos después de muerto

la muerte separa sólo
a muertos de otros muertos
extraños de otros extraños

esa relación que tiene uno con la muerte
es más estrecha y firme que la que tiene uno con la vida
todos me piden que ame la vida afirman que la vida es olvido
desconocen que estoy enamorado de tu muerte tan mía
por eso pido que me entierren contigo
para que compartamos nuestra muerte
si me vas a querer después de la muerte
guárdame un espacio cerca de ti
poco importa que tu tumba sea país entero

y cuando seamos polvo y seamos uno
puesto que no existe manera
de distinguir al polvo del polvo
al fin tendrá sentido
cerrar los ojos. 


ANTONIO RUBIO REYES (Ciudad Juárez, 1994). Estudió Literatura Hispanomexicana en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Ha publicado en las revistas Paso del Río Grande del Norte, Bitácora de vuelos, Juárez dialoga y Cuadernos fronterizos.

POESÍA Experiencias religiosas tempranas | Gregory Corso



[Nota y versión al español de Moisés Villavicencio Barras]


Cuando tenía cinco
vi a Dios en el cielo
yo cruzaba un puente
en mi camino para comprar sal
cuando miré hacia arriba
vi a un hombre gigantesco
con cabello y barba blanca
sentado en un escritorio de nubes
con dos libros enormes
uno blanco
otro negro
El sábado le pregunté al padre en el confesionario
qué significaba todo esto
Él me dijo
el libro negro es para las cosas malas que haces
el libro blanco para las buenas
si el libro negro al final de tu vida
pesa más que el blanco
te irás al infierno y arderás para siempre
después de eso, por semanas
me aseguré a mí mismo
que comprar sal no era una cosa mala

Cuando tenía seis
encontré a un gato muerto
le puse una cruz
y dije una oración pequeña
cuando le conté a la maestra
de los domingos lo que hice
me jaló de las orejas
y me ordenó regresar
para quitarle la cruz al gato muerto

Me gustan los gatos siempre me han gustado
¿Los gatos no se van al cielo? Le grité
¡No debes de creer en falsos ídolos! Respondió

Regresé para ver al gato
ya no estaba
la cruz se quedo ahí
de manera apropiada... ese día la tierra había muerto

Cuando tenía siete
un domingo me senté en la iglesia
junto a un niño gordito
que no había visto antes
tenía guardado en su mano regordeta
un elefante de vidrio
fue durante la misa de eucaristía
cuando me lo mostró
en ese instante pasó algo
muy rápido
él se desmayo
y se lo llevaron
el elefante de vidrio estaba todavía en su mano
la parte que me asustó más
fue que los dos hombre que lo sacaron
volvieron y se sentaron junto  a mí uno en cada lado
¿Soy yo el siguiente? me pregunté
¿Yo quien había visto el elefante de vidrio?
Nunca volví a ver al  niño otra vez
Hasta ahora no puedo comprender
que significaba todo eso
o si significa algo del todo.



GREGORY CORSO fue una figura clave de la generación de poetas Beat, un grupo de escritores que rompieron con las convenciones, los cuales fueron acreditados como los iniciadores de la mayoría de los cambios políticos y sociales que transformaron los Estados Unidos durante los años sesentas. Los versos espontáneos, inspirados y perspicaces motivaron a Allen Ginsberg a describirlo como  a un “despertador de la juventud”. Aunque Corso disfrutó de sus mejores años de popularidad durante los años sesentas y setentas, Corso siguió influyendo a los lectores contemporáneos y a los críticos hasta finales del siglo XX.


Ilustración de Richard Vergez


CULTURA DIGITAL Las experimentaciones gráficas de Jurriaan Schrofer


La obra gráfica del holandés Jurriaan Schrofer representa una genuina búsqueda entre la percepción, el efecto visual y la perspectiva. (Frederike Huygen. Jurriaan Schrofer (1926-90) Restless Typographer)
Jurriaan Schrofer (1926-1990) fue un diseñador gráfico y tipográfico holandés, conocido por sus experimentaciones gráficas con tipografía en movimiento y efectos visuales. Muchos de esos experiementos acabarían anticipando actuales construcciones digitales.

Jurriaan Schrofer era hijo del pintor William Schrofer. Fue su padre quien le presentó al tipógrafo y artista del lettering Helmut Salden, que más tarde convertiría en una de sus primeras influencias. Inició sus estudios en derecho, pero mientras los cursaba comenzó a interesarse por el teatro y el cine y no tardó en mudarse a Amsterdam con la esperanza de convertirse en director de cine.

Pronto entró en contacto con la tradición modernista y con artistas como Piet Zwart, Cas Oorthuys y Emmy Adriesse. Empezó su carrera como diseñador en los 50 como asistente de Dick Eiffers. Después trabajó para ‘Meijer’, una imprenta en Wormerveer donde pudo seguir desarrollando sus habilidades tipográficas.


A principios de los 60, empezó su larga colaboración con el Servicio Holandés de Correos, Teléfono y Telégrafo (PTT). Después, entró a formar parte de Total Design (ahora Total Identity), uno de los principales estudios de diseño en los Países Bajos. A pesar de trabajar en el desarrollo de múltiples sistemas de lettering y alfabetos, nunca diseñó tipografías completas disponibles comercialmente.

Su interés por temas filosóficos le llevó a dirigir su obra hacia una intensa investigación personal sobre alfabetos minimalistas. Durante su carrera, trabajó para la Compañía Nacional de Publicidad (NPO). También fue director en Total Design, profesor en varias escuelas de arte y ostentó numerosos cargos de gestión.

La obra de Jurriaan Schrofer se compone principalmente de material impreso que se ha diseñado de forma manual. Sin embargo, en la década los 60, Schrofer experimentó con nuevas técnicas, por ejemplo, la impresión en offset como un medio para lograr la ‘tipografía en movimiento’. A lo largo de su obra, la dinámica o el movimiento, son el hilo conductor. A partir de los 70 las investigaciones de diseño de Schrofer se dirigieron a explorar los patrones y estructuras inspiradas en el movimiento Op Art. Meticulosamente se dedicó a experimentar con perspectivas extrañas, la profundidad de campo y los símbolos tipográficos.


Ejemplo de su trabajo son los diseños realizados para las portadas de los libros de la editorial Bert Bakker, las portadas de las publicaciones de Mouton, los carteles de las películas de Fons Rademakers, el logotipo de Koninklijke Hoogovens o el de Nederlandse Operastichting.






Información de Gráffica


ACERCAMIENTOS Sobre el escritor | Hermann Hesse


El que por uno de los mil azares de la vida tiene que vivir o puede vivir de un talento literario innato, tendrá que tratar de conformarse con un dudoso «oficio», que no es tal. La actividad del llamado escritor libre es actualmente lo que nunca fue en la historia universal, un «oficio», probablemente porque lo ejercen profesionalmente muchos que no tienen ninguna vocación. En realidad, escribir de vez en cuando y espontáneamente cosas bonitas, que en su conjunto se llaman literatura, no me parece que sea el trabajo de una vida, ni que merezca el nombre de oficio en el sentido habitual. El escritor «libre», en la medida en que es una persona honesta y un artista, no tiene oficio, por el contrario, es un ser ocioso, un particular que sólo produce de vez en cuando y según el humor y la inspiración del momento.

A cualquier escritor libre le resulta bien difícil aceptar su posición ambigua entre individuo particular y escritor no libre, es decir periodista. Tener un oficio que no lo es, no es siempre divertido. Algunos, por necesidad de actividad continua aumentan su producción más allá de los límites de su talento natural y escriben demasiado. A otros la libertad y el ocio les conducen a la comodidad, porque un hombre sin oficio se echa fácilmente a perder. Y todos ellos, los trabajadores y los vagos, padecen la neurastenia y la hipersensibilidad de las personas insuficientemente ocupadas y demasiado dependientes de ellas mismas.

Pero no quería hablar de esto, cada cual ha de resolver su caso personalmente. La interpretación que los propios escritores dan a su oficio es cosa suya. Algo completamente distinto a las ideas tan a menudo mezcladas con amarga autoironía que tienen los poetas y literatos de su trabajo, es el concepto de la opinión pública sobre el oficio de escritor.

La opinión pública, la prensa, el pueblo, las asociaciones, en una palabra, todos los que no son escritores, consideran que el oficio y el círculo de obligaciones de éstos son mucho más sencillos. Y de esta manera el literato, igual que cualquier médico o juez o funcionario, descubre la esencia y el carácter de su oficio a través de las exigencias que se le hacen desde fuera. Cualquier escritor medianamente famoso aprende a diario por el correo lo que quiere y piensa de él el público, los editores, la prensa y los colegas.

El público y los editores suelen estar completamente de acuerdo y suelen ser muy modestos en sus exigencias. Del autor de una comedia que ha tenido éxito esperan nuevas comedias que tengan éxito, del escritor de una novela rústica, nuevas novelas rústicas, del autor de un libro sobre Goethe, más libros sobre Goethe. A veces el propio autor no piensa ni desea otra cosa, entonces reina para siempre la unanimidad y la satisfacción recíproca. El creador del «Muchacho tirolés» continúa con la «Muchacha tirolesa», el autor de las «escenas de soldados» con las «escenas de cuarteles», y a «Goethe en su cuarto de trabajo» siguen «Goethe en la Corte» y «Goethe en la calle».

Los autores que escriben así tienen realmente un oficio, ejercen realmente una profesión. Explotan sus recursos y poseen el atributo y el signo secreto del gremio de los verdaderos «escritores»: la «ilustre pluma».

La «ilustre pluma» es un invento de aquel redactor desgraciadamente anónimo que hace varias décadas descubrió en el llamado «elemento personal» el mal cancerígeno del periodismo. Como es sabido, en lugar de la personalidad colocó el «nombre» y concedió a cada «nombre» una «ilustre pluma», de la que respetando la vanidad del autor sabía obtener después encargos. Esta técnica domina hoy todo el folletón periodístico cuando no rinde tributo al culto de lo impersonal bajo la forma más noble del anonimato absoluto.

Así sucede, por ejemplo, que al autor de una novela con éxito le sorprenda el siguiente telegrama de un periódico de circulación mundial: «Ruego envíe de su ilustre pluma charla sobre, probable evolución técnica aérea; honorarios máximos garantizados». Para el redactor los autores medianamente conocidos sólo cuentan como nombre y calcula de la siguiente manera: los lectores desean titulares interesantes y actuales, además desean nombres famosos, de modo que combinaremos ambos. Lo que dice luego el artículo encargado es lo de menos: cuando se tiene una «pluma ilustre» se puede iniciar una charla sobre Gerhart Hauptmann con una decorativa frase de introducción sobre Zeppelin. Existen plumas sumamente ilustres que viven cómodamente de este trajín fraudulento.

Así se caracterizan más o menos las exigencias de la prensa respecto de los escritores libres. Hay que añadir aún las «encuestas», en las que como en una fiesta de máscaras, los profesores hablan de teatro, los actores de política, los poetas de economía, los ginecólogos de la conservación de monumentos. En total, una actividad inocente y divertida que nadie toma en serio y hace poco daño. Peores son las exigencias de la prensa que cuentan con la vanidad y la necesidad de publicidad de los literatos bajo el lema «manus manum lavat». Entre estas cosas tan poco elegantes cuento también los pequeños artículos de publicidad y autobiografías adornados con fotos en muchos periódicos y suplementos dominicales.

El escritor enfrentado a estas ofertas e invitaciones comprende poco a poco su oficio, y si de momento no tiene nada que hacer, puede ocupar al menos su vida atendiendo a toda esta correspondencia en el fondo inútil. Luego llegarán aún muchas e inesperadas cartas privadas aumentando y variando con los años. No voy a decir nada de las cartas que solicitan favores, todo el mundo las recibe. Pero en una ocasión me sorprendió que un preso recién puesto en libertad con 35 condenas anteriores, me ofreciese la historia de su vida para que la utilizase a mi gusto a cambio de una compensación única de mil marcos. Que cada pequeña biblioteca y algunos estudiantes sin medios supongan que un autor disfruta regalando sus libros por docenas es ya menos divertido. También es extraño que cada año todos los clubs de Alemania y todos los alumnos del último curso de bachillerato quieran para sus aniversarios y para sus fiestas de fin de estudios, colaboraciones literarias de todos los escritores alemanes. Comparado con esto, poco importan los deseos de los coleccionistas de autógrafos, aunque obliguen a contestar enviando el franqueo de vuelta.
Pero todos los editores, redacciones, estudiantes de bachillerato, adolescentes y clubs del mundo juntos no dan a un escritor tanto trabajo como sus colegas, desde el escolar de dieciséis años que envía para que sean sometidos a examen y a enjuiciamiento rigurosos varios centenares de poemas difícilmente legibles, hasta el viejo literato con rutina, que pide con toda amabilidad una crítica favorable de su último libro y que al mismo tiempo da a entender de manera clara y prudente que tanto en caso positivo como negativo no dejará de devolver el favor. Se puede conservar la tranquilidad y el humor frente a los editores y los periódicos, los pedigüeños y los ingenuos pero, a menudo, el afán comercial y la insistencia egoísta de los plumíferos superfluos no suscitan más que asco y disgusto. El joven superamable que hoy envía sus poemas con una carta enfática llena de adulación y que quiere someterse por completo a mi juicio y consejo, puede contestar pasado mañana a mi carta ponderada, amable pero negativa, con un artículo furibundo lleno de injurias en el semanario local. He conocido personalmente y he sido amigo de un gran número de escritores a los que estimo mucho, y todos han hecho las mismas experiencias y ninguno de nosotros ha seguido nunca ese camino del pedigüeño y del chantajista. Por lo tanto se puede deducir que esos indestructibles colegas de la especie de los aduladores y pedigüeños, son realmente mediocres y seguramente no cometeremos ninguna injusticia contra ningún hombre de honor, ni contra ningún genio, si hacemos caso omiso de esa multitud de impertinencias que se renuevan a diario, arrojándolas al mismo cesto en que terminan las cartas de peticiones no literarias.

Y al final del ciclo se ve que lo que parece un oficio y un empleo consiste para el escritor en un conjunto de necedades y palabras inútiles, mientras que su verdadero trabajo, a pesar de todas las opiniones opuestas, no puede regularse ni convertirse en oficio. Nuestro oficio es estar callado, abrir los ojos y esperar a que llegue el momento favorable, y entonces, aunque el trabajo exija sudor y noches en vela, es delicioso y deja de ser «trabajo».



Texto tomado del libro Escritos sobre literatura, Tomo 1. Alianza editorial, 1983. 


HERMANN HESSE. Nació el 2 de julio de 1877 en Calw, Alemania y murió en Montagnola, Cantón del Tesino, Suiza, el 9 de agosto de 1962. Novelista y poeta alemán, nacionalizado suizo. A su muerte, se convirtió en una figura de culto en el mundo occidental, en general, por su celebración del misticismo oriental y la búsqueda del propio yo. Hijo de un antiguo misionero, ingresó en un seminario, pero pronto abandonó la escuela; su rebeldía contra la educación formal la expresó en la novela Bajo las ruedas (1906). En consecuencia, se educó él mismo a base de lecturas. De joven trabajó en una librería y se dedicó al periodismo por libre, lo que le inspiró su primera novela, Peter Camenzind (1904), la historia de un escritor bohemio que rechaza a la sociedad para acabar llevando una existencia de vagabundo. Durante la I Guerra Mundial, Hesse, que era pacifista, se trasladó a Montagnola, Suiza; se hizo ciudadano suizo en 1923. La desesperanza y la desilusión que le produjeron la guerra y una serie de tragedias domésticas, y sus intentos por encontrar soluciones, se convirtieron en el asunto de su posterior obra novelística. Sus escritos se fueron enfocando hacia la búsqueda espiritual de nuevos objetivos y valores que sustituyeran a los tradicionales, que ya no eran válidos. Demian (1919), por ejemplo, estaba fuertemente influenciada por la obra del psiquiatra suizo Carl Jung, al que Hesse descubrió en el curso de su propio (breve) psicoanálisis. El tratamiento que el libro da a la dualidad simbólica entre Demian, el personaje de sueño, y su homólogo en la vida real, Sinclair, despertó un enorme interés entre los intelectuales europeos coetáneos (fue el primer libro de Hesse traducido al español, y lo hizo Luis López Ballesteros en 1930). Las novelas de Hesse desde entonces se fueron haciendo cada vez más simbólicas y acercándose más al psicoanálisis. Por ejemplo, Viaje al Este (1932) examina en términos junguianos las cualidades míticas de la experiencia humana. Siddharta (1922), por otra parte, refleja el interés de Hesse por el misticismo oriental —el resultado de un viaje a la India—; es una lírica novela corta de la relación entre un padre y un hijo, basada en la vida del joven Buda. El lobo estepario (1927) es quizás la novela más innovadora de Hesse. La doble naturaleza del artista-héroe —humana y licantrópica— le lleva a un laberinto de experiencias llenas de pesadillas; así, la obra simboliza la escisión entre la individualidad rebelde y las convenciones burguesas, al igual que su obra posterior Narciso y Goldmundo (1930). La última novela de Hesse, El juego de abalorios (1943), situada en un futuro utópico, es de hecho una resolución de las inquietudes del autor. Hesse, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1946, murió el 9 de agosto de 1962 en Suiza.

Ilustración de Fernando Vicente


ESCAFANDRA* En medio de balas y otras cosas | Blanca Vázquez


La escuela culturalista define cultura como todos los esquemas producidos históricamente explícitos o implícitos, racionales, irracionales o no racionales, que existen en un determinado momento como guías potenciales del comportamiento humano. Todos quienes formamos parte de un grupo social poseemos cultura. Una cultura que nos distingue y que se va enriqueciendo con lo que observamos y aprendemos cada día. Los que formamos parte de la generación X (individuos que nacimos entre 1961 y 1981) experimentamos una serie de acontecimientos que hoy están haciendo mella en las generaciones que nos han sucedido. Vimos llegar la globalización y su consumismo desmedido, entendimos nuevas maneras de hacer familia (en clase de natación tenía una compañera que sólo vivía con su papá y su abuela), la televisión se convirtió en nuestro eje modelador de conductas (casi todos esperábamos los videos de Video Éxitos o el recién inaugurado MTV) y temíamos por la incesante amenaza de una tercera Guerra Mundial. Crecimos alrededor de una bonanza económica al lado de las inseparables tarjetas plásticas, vimos nacer el bipper y el teléfono celular (que pesaba más que un tabique) creíamos en el neoliberalismo y nos imaginábamos dueños de nuestras empresas. Sentíamos todo tan colorido, casi como los colores fosforescentes de la falda de Cindy Lauper que no teníamos signos de protesta, un stand by que no permitió visualizar lo que se nos venía encima.

A la británica Jane Deverson es a quien le debemos que nuestra generación lleve esa espantosa X como dijera Chabelo. Sus investigaciones le mostraron que en diversos espacios del planeta los jóvenes vivíamos situaciones parecidas con algunas variantes en el contexto. El cine nos presentó escenarios decadentes: Sérpico, Papillon, El discreto encanto de la burguesía, Naranja Mecánica, The Warriors, Masacre en Texas, El Resplandor, El club de los cinco, La sociedad de los poetas muertos, Mad Max, Blade Runner, Pelotón, Adiós muchachos.
“Somos heterosexuales por defecto, no por voluntad propia. Depende de lo que te guste. Es todo una cuestión de estética, sin una puta mierda que ver con la moral.” (Renton en Transpoitting)
Y aún con ese desencanto no queremos cambiar de gustos, nos pegan los años, seguimos anhelando el Mario Bross viejito, consumimos de todo y llevamos a cabo conversaciones someras y hasta simples; somos pensadores del yoísmo y guardamos en el cajón los miedos, aquellos que mientras no dañen lo que hacemos todo está bien. Todo es una generalidad y me he atrevido a escribir sobre esto porque creo que lo importante es renovarse o morir.

Esta nueva generación llamada Zeta (compuesta por individuos nacidos entre la mitad de la década de 1990 y los primeros años de la del 2000, aunque aún persiste cierto debate sobre este punto), recuperaron algo que nosotros dejamos ir, la creencia de saber qué es lo que quieren (tanto en lo familiar, lo académico y lo sexual). Mantienen sus cerebros conectados a todas las redes sociales posibles, tienen la información en la palma de la mano y se les ve caminando por la ciudad tomados de la mano y mostrando sus preferencias sexuales, tienen la oportunidad de hablar con más apertura de métodos anticonceptivos o del aborto. Viven convencidos de la posibilidad de cambio a través de la lucha civil y convocan a marchas y mítines, protestas que van desde lo rural, urbano o hasta lo artístico. Una generación que arrastra cantidad de problemas y que revira para pensar como el poeta Hölderlin “Donde crece el peligro también crece aquello que salva”. Desde un pensamiento utópico, acaso, proponen nuevas leyes para la protección del medio ambiente, los derechos humanos o para los procesos de conveniencia.

Es tiempo de caminar con ellos y pensar que el terrorismo no está sólo en Medio Oriente (como los medios de comunicación dicen). El terrorismo es cualquier acción que lesiona a los otros porque son diferentes a nosotros y a los cuales se les tiene miedo. El miedo ha provocado la muerte de una parte de la comunidad lésbico gay en una ciudad norteamericana y en el estado de Veracruz, México, nos ha puesto contra la pared. ¿Qué se requiere para comprender que estamos entretejidos en la cultura y, aunque parezcamos iguales, somos diferentes? Sí, tan semejantes dentro de nuestras propias diferencias. La palabra, en estos casos, nos exhorta a mirarnos con ojos de iguales.



BLANCA VÁZQUEZ nació en el Distrito Federal, en 1973. Su vida ha transcurrido en el estado suriano de Guerrero. Estudió Literatura Hispanoamericana y es maestra en Estudios Socioterritoriales y doctorante de Literatura. Ha publicado Los letargos de Artume (La Tarántula Dormida); Ojos de lechuza (Rojo Siena) y El corazón en la mano (Editorial Fridaura). Imparte clases en la Universidad Autónoma de Guerrero.

Ilustración de Gabriel Pacheco

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*ESCAFANDRA. Estoy guarecida del mundo. Mi mundo: ese caos que transita por todas partes y me lleva contracorriente. Llevo mi escafandra puesta, como Cíclope observó todo. Lo guardo en mi ojo que son tres si lo pienso a través del cristal. Respiro. Creo que respiro entre el hedor de la muerte y la indiferencia. Escribo. Escribo de manera acelerada, los dedos no paran, siguen. Siguen porque quieren guardar la memoria, ese momento que aunque doloroso existe y se desaparece en el paisaje cultural.

Somos la suma de todas las partes, ¿en qué canon se guarda la cultura, qué es y por qué se aleja cada vez más del entramado colectivo? Respiro. Observo a mi alrededor. Seres culturales: artesanos, peatones, escritores, ingenieros, antropólogos, campesinos, niños y niñas, ancianos, jóvenes. ¿En qué momento se estableció que quienes van a la Universidad sólo pueden ser hacedores de cultura? ¿Cuándo los títulos reemplazaron la sensibilidad y la mirada de convivencia?

La escafandra me ayuda y exploro, me veo hacía dentro. Un vuelo de pájaros deja estelas de voces, de palabras, de sitios que reconstruyen y ayudan a ser. Ser siempre ha sido una convulsión. No soy sólo yo. Somos todos. Pero a veces no somos nadie. Las aves se elevan en parvada, vuelan libres queriendo abarcar el cielo. Se ayudan contra el viento, se  esperan… La espera puede ser eterna. La pantalla es ventana de otras escafandras. Ojos que miran mostrando otros ojos.